Notas de un borracho

Soy perfectamente consciente de que bebo de forma compulsiva. Sí: cuando empiezo tan solo me para el sueño o el vómito. Al contrario de lo que muchos creerán, la adicción no es una condición en sí misma, sino un síntoma de algo mucho más grande. Porque en estos casos siempre hay una herida abierta, una herida profunda que no sangra y que el alcohol no puede cicatrizar… pero es capaz de atenuar su dolor. Hablo de un dolor difuso, intangible, carente de forma, pero pertinaz. No desgarra, este dolor es silencio, tortura como de soslayo. Su poder está precisamente en la erosión continua y lenta. Es más bien como una especie de inquietud que no se borra, que no se desprende y que te persigue allá donde vayas; que te dejará vivir tan solo en la medida en que te recuerde todo el tiempo que tu vida es un puto desastre. El alcohol es una sustancia que tiene su porqué. El alcoholismo tiene su porqué. Todo en esta vida tiene su porqué. Y yo no iba a ser menos, claro: también tengo mi porqué.
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Posverdad, neoliberalismo… neolengua

¿Os suena el término “Posverdad”? Este neologismo, surgido hace tan solo tres años, trataba de describir un nuevo fenómeno: aquellos acontecimientos inesperados (como la elección de Donald Trump o el Brexit) en los que los hechos objetivos parecían tener una menor influencia que la apelación a las emociones o a las creencias individuales de las personas.

Para muchos autores, esto de la posverdad no es más que una manera muy “cuqui” de llamar a la mentira, la falsedad o la estafa. O sea, que se trataría sencillamente de un eufemismo (eufemismo: “palabra o expresión más suave o decorosa con que se sustituye otra considerada como tabú, de mal gusto, grosera o demasiado franca”). Leer Más


Ni machismo ni feminismo: anticapitalismo

-Eh, tú
+Hostia, no me jodas… ¿Vienes a tocarme los cojones?
-A reventártelos. ¿Pero tú quién te crees que eres para prohibir que ella me vea?
+Ella está conmigo ahora. Acéptalo
-Lo tenía más que aceptado. Es ahora que descubro la persona que realmente eres cuando me está costando hacerlo
+Te jodes
-Eres basura. Te crees con derecho a coartar la libertad de los demás, a la gente que supuestamente quieres…
+Precisamente esa manera tuya de pensar, tan liberal, es la que ha hecho que ella esté ahora conmigo y no contigo
-Y ahora tú quieres ponerle una correa y un bozal, por el miedo que te da que se arrepienta de su elección. Desde luego, así vas por buen camino si lo que pretendes es que tus pesadillas se hagan realidad algún día Leer Más


Freelance: despierta

”El pájaro rompe el cascarón. El huevo es el mundo. El que quiere nacer tiene que romper un mundo.”

Hermann Hesse

Ya no sé si nunca tuve la suficiente fuerza de voluntad que alumbraba Hesse para poder convertir el sueño en realidad y materia, o si toda su obra fue solo la gota de protoesperma que fecundó a la puta madre del farsante de Paulo Coelho. El neoliberalismo invisible pero omnipresente como el oxígeno ha conseguido que todo me apeste a coaching motivacional –aunque de vez en cuando aún reciba sacudidas de auténtica sabiduría:

“El animal arrebata el látigo al Señor y se azota a sí mismo
Para considerarse su propio amo,
Sin comprender que todo es una fantasía
Engendrada por un nuevo nudo
En el látigo del Señor.”

Franz Kafka

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Antiespaña, yo

España, embrutecida patria de paletos sin cerebro con acceso a información.

España, país de ciegos, de odiadores de profesión.

España, pantalón de pana, piedra en el riñón, nudo en la garganta, sarro entre los dientes,

Y esa gente que aplaude al otro lado del cristal tintado de un coche oficial que avanza con su dinero. Leer Más


El (des)acuerdo (in)esperado

Yo nunca la engañé. Siempre dije que yo no quería ser como los demás, y ella estuvo de acuerdo desde el principio… Aunque ahora no lo parezca. ¿El problema? El de siempre: la imperfección del lenguaje humano. Pues mientras ella afirmaba no querer ser como los demás desde un punto de vista literal de los términos –lo que implicaba no “ser” como los demás pero sí aceptar el “estar”, o el “hacer”, o el “vivir” como los demás pero “a nuestra manera” (y esto, en un sentido formal, significa de hecho no rechazar totalmente el “ser los demás”, ya sin el “como”), yo no quería ser como los demás pero de una manera desesperada, pura, consciente y ontológica. Ser como los demás implicaba dejar de ser como yo, y el hecho de lanzar aquella advertencia previa al amor (y al desastre) no era más que mi reacción refleja, mi complejo instinto de supervivencia frente a las tinieblas dentro de mí mismo que ya amenazaban en el horizonte. Y claro: dos personas pueden vivir un tiempo creyendo estar de acuerdo en eso… Pero dicho acuerdo no puede durar para siempre. Leer Más