Espada y Damocles

Soy cigarra, su pan para hoy

y dejarlo todo para un mañana eterno.

Soy un consciente

insensato

perfecto.

No estoy ciego, me tapo los ojos para mirar donde quiero.

Quiero

permanecer

quieto.

Soy porque no soy, que si fuese no sería

más

que lo que quieren

otros,

que lo que ven tus ojos,

siendo

a la vez

Espada

y Damocles.


Siniestro total

Para ti es estrecho, comprimido, asfixiante, atosigante, estresante, claustrofóbico. No es más que el obstáculo que separa tu anhelo de su satisfacción, la ansiedad de sus segundos punzantes sobre tu impaciencia, la muerte que se te tropieza, y husmea, y amenaza la vida que crees merecerte desde ya.

Para mí es dilatado, amplio y profundo. Me gusta merodearlo, tratar de descubrir todo lo que esconde, con calma, con tranquilidad. Una vez he acabado, me paro a meditar sobre lo que he visto, como si sus horas nunca fueran a acabarse, tan equivocado como los dioses que aún no saben que no existen.

Venías tan rápido y yo tan lento que chocamos frontalmente en ese punto en el que espacio y tiempo colisionan. Mi volantazo no sirvió de nada; el tuyo, además, te hizo dar mil vueltas de campana sobre el caliente asfalto.

En medio de la carretera, separados ya por un abismo de kilómetros, nuestros respectivos coches arden.


Salir a andar

Ahora la gente está saliendo a andar. Y eso me plantea dos estimulantes razonamientos:

1. El cómo se ha transformado de repente en “deportiva” una actividad que hasta hace nada era de ocio (caminar) o tenía alguna finalidad concreta (ir de aquí p’allá).

2. El cómo ha sido posible esto sin la necesidad de atribuirle un término «cool”. Porque correr es de cobardes, pero hacer running es cool. Y ahora andar parece ser cool sin la necesidad de llamarse «walking«

Dead.

Un deporte elevado a la mínima potencia.

Denles tiempo a los del Huffington. Ya puedo ver el titular…

«El walking: la nueva moda viejoven que triunfa entre los millenials«

Excelso.




Las cavernas de Platón

—Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea. Dicha caverna está provista de una única puerta de entrada, la cual solamente se permite traspasar para ir al trabajo o a hacer la compra. Los prisioneros que allí residen pueden moverse libremente, siempre que lo hagan dentro de la propia caverna. Sin embargo, están atados a un pequeño artefacto por sus manos. Un artefacto capaz de reflejar las sombras que aquellos hombres deseen contemplar en cada momento.

—¡Qué extraña escena me describes! ¡Y qué extraños prisioneros son esos!

—No deberían parecerte tan extraños, Glaucón, pues esos hombres son iguales a nosotros.

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Ligas, Superligas y Supersuperligas

Mucho se ha dicho ya sobre ese abominable embrión que nació muerto y al que colocaron el nombre de Superliga. Algunos quisieron practicarle el boca a boca, por si todavía quedaba alguna remota esperanza de regresarlo a la vida. Otros, la mayoría, lancearon su cuerpo deforme.

De entre estos últimos surgieron voces que clamaban por la absoluta insolidaridad de una clase superior que, por enésima vez, defecaba sobre las cabezas de los más “humildes”. Si ya les correspondía la mayor parte del pastel, este movimiento fue interpretado como una avariciosa tentativa para potenciar su obesa diabetes, exigiendo una porción aún más grande del dulce. No obstante, y sin quitarles ni una coma, creo que esta lectura se queda algo corta.

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¡Muera la inteligencia! Firmado: la inteligencia

Discuten un orgulloso ignorante y un intelectual soberbio. El ignorante levanta la voz y el intelectual le ignora, descalificándole con su silencio.

A su alrededor, las masas se apelotonan. Han escuchado aquel grito; ahora comienzan a repetirlo…

Cada vez lo repite más gente… el grito ya es unánime… el grito se ha vuelto un himno.

El soberbio intelectual queda descalificado por aplastante mayoría. “No está hecha la miel para la boca del asno” -se dice el intelectual soberbio, que ahora es también solitario-.

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Al Ándalus distopía Palestina

Al-Ándalus: ¿Cómo te sentirías tú?

2037

Estos son los primeros años tras la caída del Imperio de las barras y estrellas, potencia hegemónica durante los dos últimos siglos. Toma ahora su relevo la República Popular China, un vasto territorio que se hizo a sí mismo a través del trabajo incansable y casi heroico de su gente. Un planeta bilingüe –idioma materno e inglés– comienza ahora a hablar con fluidez el chino mandarín tras los nuevos acuerdos alcanzados entre China y los países de la Unión Global (UGLOB –organismo sustituto de la ONU, con sede en Pekín–), con la consiguiente adopción de reformas educativas que van instaurando al mandarín como segundo idioma en la mayor parte de las escuelas de todo el globo. La influencia ejercida por una potente industria cultural con raíces en el país asiático ya inunda al mundo entero con su cine, sus series y sus músicas –y, junto a estas, como pack indivisible, también con su lengua, sus costumbres y sus cosmovisiones–.

Antes, durante las cinco décadas que preceden a esta historia, las políticas expansionistas de los Estados Unidos de América degeneraron en un panorama escalofriante de guerras, destrucción y exterminio del pueblo árabe. Siria, Libia, Afganistán, Pakistán, Irán, Iraq o Palestina fueron cayendo, un país tras otro, bajo el fuego enemigo y el polvo. Víctimas de aquel genocidio murieron asesinados más de cincuenta millones de musulmanes, mientras que la destrucción, la miseria, la contaminación y la radiación dejaban las extensas zonas que antaño abarcaban aquellos países prácticamente inhabitadas e inhabitables.

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