EL DESHEREDADO. /

Capítulo 1

Dicen que es hereditario. Mi padre fue despedido; mi madre, nunca contratada. Sin dinero para pagar la hipoteca nos quitaron la casa, pero antes de que me quedara muerto de hambre, sin nada que llevarme a la boca, los servicios sociales me llevaron lejos de mis pobres padres pobres. Creo que murieron. No volví a verlos. El dolor de su pérdida me aplastaba, así que me convencí de que ya no los quería.
Al poco, me llevaron con una familia de la que conservo muy vagos recuerdos; ellos no me querían, y yo tampoco a ellos. Y no me resultó complicado vivir algo así, puesto que yo ya sabía lo que es no querer a unos padres que no te quieren a ti.
Durante esos años forjé una vida, finalicé mis estudios, formé mi propia familia: me casé, tuve tres hijos, compré una casa bonita. Pero yo también fui expulsado de mi trabajo. Como una mezcla perfecta de mis progenitores, estuve alternando despidos y patadas, sacando el poco jugo que tenían mis escasas oportunidades. La inestabilidad se instaló entonces en mi vida y mi destino me estalló en la cara. Al final, el banco me quitó la casa. Mi mujer me dejó, visto mi absoluto fracaso, y se llevó a los niños que ya no podía mantener, yo que ni a mí mismo podía mantenerme.
Ahora, desde este banco en el que vivo, pienso si esta enfermedad hereditaria se ha vuelto también contagiosa, puesto que allá donde miro, como si mis ojos estornudaran expandiendo el dolor de mi suerte, en las colas tras los mostradores y los comercios y detrás de las otras colas que se forman alrededor de sus contenedores traseros, en los rostros de la gente que aún camina abrigada y bien vestida, veo los mismos síntomas, más o menos avanzados, que están devorando mi vida.

¿Sabes? En realidad, nunca acabé los estudios, nunca me casé, nunca tuve hijos; y ante la vida que me tocó, me escapé yo solito de casa. Todo esto es simplemente una de las historias que me cuento para imaginarme que alguna vez viví algo. Porque me refugio ahí, en mis propias historias; es ahí donde vivo. Aquí no me gusta vivir.

Puede que me llames pesimista por contarme esta historia tan triste, pero no quiero ser optimista mientras quede un solo cuerpo temblando de frío por las noches, un solo estómago crujiendo en el vacío, una sola alma rota y abandonada por sus semejantes, una lágrima tatuada de por vida en un ojo triste. No, no voy a ser optimista, no quiero. Yo no quiero engañarme como hace el resto.
Hace tiempo que me he dado cuenta de que esta maldición ha de acabar conmigo, que hice bien en huir de la vida y en no traer a este mundo una nueva víctima; puesto que ya no soy yo: es este mundo el que está enfermo. Por eso me gusta pensar que todo es mi culpa, que con mi muerte todo va arreglarse; entonces, sin nadie más que herede mi desgraciada sangre, acabada ya la maldición, llegará la paz, y la igualdad, y la fraternidad, y el ser humano será al fin libre. Y mientras que la muerte me va buscando, y creo que poco a poco ya me encuentra, seguiré tumbado en este banco mirando alternarse al sol con la luna. Es tan bello su baile…

Cuando miras al cielo, parece mentira que hayamos acabado todos tan enfermos…

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Capítulo 2

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Un comentario en “EL DESHEREDADO. /

  1. Pingback: El DESHEREDADO II (I) | Revista El Girø

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