Payaso triste con cøulrofobia

“Puto Stephen King”, se dice Miliki en voz baja. Leer Más

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El Monstruo de Francønstein

¿Su nombre? Algo así como Pedro Mariano Rivera

Y es tan apuesto como vacío

Es un monstruo bien vestido:

La Bestia disfrazada de Amigo.

Tiene tres discursos distintos, como una hydra de tres cabezas

Pero con un sólo espíritu: lo llaman IBEX35.

¡Ah! también es Candidato Único

Para la honra de una España grande

Y libre de rojos

Y de separatistas.

Para las próximas elecciones, recuerda

VOTA PEDRO MARIANO RIVERA

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¿A qué tiene derecho la Naturaleza? por Eduardo Galeano

La realidad pinta naturalezas muertas. Las catástrofes se llaman naturales, como si la naturaleza fuera el verdugo y no la víctima, mientras el clima se vuelve loco de remate y nosotros también. Hoy, día 5 de Junio, es el Día del Medio Ambiente. Un buen día para celebrar la nueva Constitución de Ecuador, que en el año 2008, por primera vez en la historia del mundo, reconoció a la naturaleza como sujeto de derecho.

Suena raro esto de que la naturaleza tenga derechos, como si fuera persona. En cambio, suena de lo más normal que las grandes empresas de los Estados Unidos tengan derechos humanos. Y los tienen, por decisión de la Suprema Corte de Justicia, desde 1886.

Si la naturaleza fuera banco, ya la habrían salvado.

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Los hijos de los días. Eduardo Galeano

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La naranja

Yo quería probar una naranja; de esas que cuelgan y caen de los árboles de la acera de mi calle

“Están agrias”, me decían todos.

Pero, que yo sepa, aquellas naranjas podían estar tan agrias como azucaradas, tan dulces como amargas, tan suaves como ácidas, insípidas o sabrosas. Las palabras no me convencían. La curiosidad me pudo. Persuadido por su apetitosa y anaranjada envoltura, y a pesar de las numerosas advertencias que argumentaban en su contra, al final, probé una… Leer Más



ESTE MENSAJE SE AUTODESTRUIRÁ EN 60 SEGUNDOS

Entonces se sentó en frente de sí mismo, dispuesto a confesarse su mayor secreto:

Vivo en un ambiente pleno de amoralidad, en el que se respiran tantas y más incoherencias… no es un choque de trenes, es un atropello continuo. Pero lo tengo muy claro: esta vida es mucho más libre que aquella atmósfera opresiva que se respira en las denominadas como “vidas de bien” -o al menos, así lo es para mí; no sé qué habrá sido de los demás, y tampoco tengo la manera de saberlo ¿la tendrán ellos? Yo sólo sé que cuando me imagino viviendo como ellos, puedo ver claramente cómo me pudro poco a poco por dentro y por fuera. Me veo claramente frente a un espejo bien limpio de ácaros, entre los ácidos y alimonados aromas de un ambientador de baño anunciado por la televisión que gobierna la casa, un espejo que me muestra toda la realidad del asunto: cenando con suegros, perdiendo pelo, arrugando mi rostro, ganando barriga, enfermando por dinero y su puto estrés derivado, pagando a los bancos más intereses que préstamos, ejerciendo el poder sobre tres pequeños monstruitos o meciendo en una nueva cuna a una nueva víctima, alternando sueño con cansancio entre desganados y afilados turnos nocturnos; envejeciendo… envejeciendo y muriendo. Muriendo pero estando vivo, viviendo en una condena. La mayor hipocresía comienza cuando el “estar con” es un contrato mercantil y moral, esa es la madrastra de esta falsa vida, esa es la vida que se supone que debo llevar, a la que se supone que han de aspirar todos los seres humanos a partir de ese momento en el que les aborde un supuesto sentido de madurez esculpido a colmillo y sangre. La trampa en la que se apaga la llama que ya apenas brilla dentro de mí, la zarpa que te hace perder el sentido al entregar toda tu vida a un solo puto dios, siempre inaplazable, siempre indestructible, siempre incuestionable; cadenas, sólo cadenas: las cadenas de la mujer y del hombre que llevan la vida Como Dios Manda. Todo lo que se salga de esa línea continua constituye una extravagancia intolerable, un comportamiento incomprensible, un atentado gravísimo contra la suprema normalidad. Yo me veo lejos de aceptar los preceptos del camino marcado. Soy un anormal fugitivo y huyo de la mirada aleccionadora de la gran bestia que todos sois, la que formáis entre todos. Por eso me veo forzado a vivir en la clandestinidad…

Nada más escribir ese último punto suspensivo dejó pulsada la tecla “Delete”. Había mirado de frente a su secreto, pero no había encontrado el alivio. Creía que estaría ahí, pero no: la presión sigue dentro, intacta, pegajosa, infinita, inmortal. Fue consciente en ese momento de que escapar era prácticamente la misma condena que no hacerlo. Supo en ese momento que estaba atrapado entre dos mentiras. Pero sólo una era suya, y en ella… estaba solo consigo.


El DESHEREDADO II (1/3)

Ver El desheredado: capítulo 1 

Capítulo 2

I.

De todos es sabido que los inviernos son mucho más duros para los que dormimos a ras de cielo. Cada año, muchos de los nuestros no superan la congelación de los días más fríos, y por lo general no es hasta varios días después que la muerte es advertida (u olida) por un agente o por un ciudadano cualquiera de a pie. Hasta entonces, el cadáver es velado por las palomas y por los insectos, mientras los gusanos esperan ansiosos su turno y banquete. Aunque si de lutos habláramos, la cosa no iba a ser muy diferente poco después: una vez recogido el inerte cuerpo -siempre una carga, siempre entre regañadientes-, sin una familia que reclame o sin manera alguna de poder contactarla, el vagabundo es velado finalmente por el fuego eterno. Sin embargo, los males padecidos por la falta de techo se interrumpieron de manera abrupta a principios de este año, cuando al fin entró en vigor una iniciativa totalmente revolucionaria que, no sin resistencias, logró llevar adelante el ayuntamiento de mi ciudad, con un carácter de urgencia que, como puedes ver, no era para menos. Leer Más


e-Briø

El hombre miraba al hombre a la cara, viéndose en él a sí mismo. El hombre era una víctima de sí mismo a fin de cuentas, ya que la mirada severa de su interlocutor, su propia mirada en el fondo, le impedía sentirse cómodo, libre, asesinando cualquier leve atisbo de algo que se le parezca aun lejanamente a la felicidad. Leer Más