Al-Ándalus (III/III)

La insurrección española

Durante las primeras décadas de su existencia, la actividad principal de JAMÁS estuvo fundamentada en el contrabando de estupefacientes. El objetivo final era organizar y armar a un ejército nutrido por fervientes fanáticos en busca de una idea: la de su libertad. Tras varios atentados –todos ellos sin pérdidas humanas, siempre contra mobiliario urbano y monumentos públicos andalusíes-, se produjo a principios de la década de los 70 la insurrección española, paradójicamente conocida como “La Insurrección Invencible”:

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Soldado del ejército popular español

El autodenominado ‘Ejército Popular Español’, formando en tropas irregulares y dispersas en exceso, se alzó violentamente en armas ante el orden establecido el 2º día de Mayo del año 2072. Los objetivos principales fueron los capitolios, las comisarías y las mezquitas andalusíes, asaltadas al grito de “España para los españoles”. Ante las facilidades otorgadas por la inexperiencia y la ingenuidad de unas pasiones mal canalizadas y caóticas, la respuesta militar –estructurada, ordenada, adiestrada, competente, y sobre todo: debidamente armada- del ejército andalusí, dejó en suaves caricias aquel ataque. El levantamiento quedó brutalmente aplastado, y los sublevados, armados precariamente, y más en coraje y en rabia que en armas acordes a ello, poco pudieron hacer frente al inmenso poder militar de Al-Ándalus, con el apoyo incondicional de las ‘Milicias Populares Chinas’ y los ‘Cascos Rosados’ de las brigadas de la Unión Global.

Tras pocos meses de iniciarse la insurrección, la práctica totalidad de los guerrilleros españoles habían sido encarcelados, torturados o asesinados. Pero a pesar del rápido sofocamiento del problema, la estabilidad de Al-Ándalus quedaba ahora en entredicho: una nueva agresión podía volver producirse en cualquier momento; estaba en juego el bienestar de toda una población vulnerable, aplastada a lo largo de una historia lacerante que parecía tozudamente ofuscada en repetirse: “como si el tiempo/ cruel obseso / estuviera enfermo de sí”, en versos del poeta andalusí de origen turco Halil Altintop.

Ante el pánico generado por la reciente cruzada española (”La prueba viviente de los oscuros efectos del dogmatismo y el odio sobre las almas humanas“1) las zonas de la periferia -donde los españoles vivían en su mayor parte- quedaron inundadas de tanques y drones con banderas chinas y andalusíes. Se iniciarían entonces persecuciones y purgas entre las poblaciones españolas para exterminar cualquier atisbo de sublevación: los asesinatos en pleno día y las detenciones masivas fueron la tónica habitual durante los doce primeros meses. Más tarde se elaborarían nuevos planes de traslados forzosos para los hispanos, en nombre de la seguridad del Estado de Al-Ándalus.

 

 

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Como resultado de casi 50 años de continuos traslados forzosos hacia la periferia de las periferias, el Estado de Al-Ándalus quedó esterilizado de la potencialmente peligrosa población hispana -a excepción de dos pequeñas áreas, en las que se encontraban concentrados: la franja de Huelva y la franja de Murcia. Una política firme y unitaria y una presencia militar ininterrumpida habían logrado minimizar los estragos de los ataques terroristas de JAMÁS, a la vez que muchos españoles -debidamente remunerados y armados, generosamente sobornados, o en reacción espontánea ante una ideología subversiva a la que acusaban de ser la responsable de sus miserias– habían jurado o vendido su lealtad al régimen andalusí, llegando a acusar, a delatar, a detener e incluso a matar sin miramientos a sus propios hermanos cuando hizo falta: eran los llamados GAP (Grupos Antiterroristas Patrióticos). Por otra parte, el levantamiento de un muro que separaba a las franjas del resto de Al-Ándalus, así como el establecimiento de férreas aduanas, garantizaban la seguridad y la protección que la población andalusí demandaba a su gobierno; y si bien los atentados se producían frecuentemente, los terroristas -armados precariamente, con armas de fabricación casera- eran rápidamente capturados y encarcelados de manera indeterminada, y en unas condiciones pésimas de salubridad. El intenso miedo infundido entre las poblaciones hispanas hizo que muchos de ellos bajasen la mirada ante lo que consideraban injusto; así lo relataba en su libro “Melancolía” el poeta apátrida Yósip Amadobv: “…de Pánico eran las balas de las armas andalusíes, un pánico que transformaba al toro indomable ibérico en un cochinillo manso, extirpado de raza, mellado de todo colmillo, forzado a base de golpes a ser doméstico (…) [los españoles] caían como víctimas de una Selección Natural de la mansedumbre (…) su táctica era intachable: antes enfrentaban tigres, ahora gatos”.

Fotografía de la franja de Murcia

Fotografía desde el muro de la franja de Murcia

Pudiera esto arrojar la impresión general de abandono y de un cierto “apartheid”, pero nada más lejos de la realidad: lo cierto es que a pesar de toda la turbulencia social, militar y política que se respiraba en las franjas, el Estado de Al-Ándalus se esforzaba permanentemente por lograr una coexistencia pacífica con los hispanos dentro de aquel país. Prueba de ello fue la proliferación de escuelas y correccionales con dineros públicos andalusíes, o el ofrecimiento de visados especiales para algunos privilegiados españoles, los cuales permitían trabajar tras los muros, en la estable y desarrollada Al-Ándalus, donde los españoles llevaban a cabo los trabajos más precarios –aquellos que los andalusíes desechaban; al fin y al cabo, alguien tenía que hacerlos.

Sin embargo, y a pesar de todos los intentos por alcanzar la inclusión de este pueblo marginado dentro de la sociedad civil islámica, la situación general de los españoles había empeorado notablemente: la miseria, la violencia y el miedo inundaban las calles que se habitaban; el hambre, la enfermedad y la desesperanza eran tan indivisibles a su existencia como la muerte lo es a la vida; los atentados, al producirse dentro de las propias fronteras amuralladas, causaban continuos destrozos en el propio hábitat enjaulado, y multiplicaban exponencialmente la violencia ejercida por los militares chino-andalusíes; los terroristas españoles, lejos de lograr sus objetivos, acababan por hundirse y hundir a su pueblo más hondamente dentro del pozo de su propia existencia: ”y el tiempo se paseaba cómplice, mientras que todo esto pasaba; y el mundo entero miraba hacia otro lado también; por no ruborizarse (…) éramos los olvidados del mundo”. de nuevo Melancolía, Yósip Amadobv.

Pero la realidad transcurría por dos vías diferentes: y es que generando toda esta represión, el Estado de Al-Ándalus estaba a su vez alimentando sus propios lobos, pues la miseria absoluta de quien ya no tiene nada más que perder constituye el paso inmediatamente anterior a cualquier guerra; se estaban sembrando -de forma inconsciente, pero no por ello menos masiva- las semillas de un ataque terrorista sin precedentes.

 

Guerra y Paz

La cúpula de JAMÁS funcionaba desde las más hondas cloacas, entre rígidas y rigurosas precauciones y una enigmática red oculta: sus planes apenas fueron interceptados por parte de los poderosos Servicios Secretos Mundiales, que, por otra parte, rara vez filtraban a la prensa sus hallazgos. Esto les permitió financiarse jugosamente durante varios años, planificando un colosal atentado que, esta vez sin fisuras, pudo ser diseñado minuciosamente para causar auténticos estragos en el Estado de Al-Ándalus. Por aquel entonces ya contaban con medios y experiencia suficientes como para ejecutar sus planes con éxito. Además, el ambiente de crispación en las franjas, que había alcanzado su pico máximo en décadas -debido a la represión indiscriminada: casi imposible era encontrar una sola familia libre de víctimas-, auguraba un apoyo popular masivo al golpe, lo que alimentaba con firmeza las esperanzas de victoria. Esta iba a ser, quizás, la última oportunidad que tenía JAMÁS de poder reinstaurar ese “Estado español Libre y Soberano” que tanto anhelaban sus miembros y simpatizantes.

Fue un 12 de Octubre cuando los terroristas españoles, estratégicamente situados y herméticamente ocultos, lanzaron innumerables proyectiles dirigidos a las ciudades más importantes de los alrededores de sus muros. Los capitolios más cercanos volaron por los aires y quedaron hechos añicos, mientras las víctimas yacían moribundas bajo los escombros. Medio centenar de andalusíes fallecieron en las explosiones, y varios centenares resultaron gravemente heridos. El rumor del ataque fue a su vez la mecha que prendió a la gente dentro de las franjas: un verdadero caos se desbordaba imparablemente por las calles de Huelva y Murcia. En palabras del célebre reportero independiente Zhang Chengdong:

“Una población española -desesperada, furiosa- tomó las calles armada, dispuesta a hacerse oír, yendo a por todas y de una vez por todas abandonado -enervados al menos por ese ratito que les durase la bélica fiebre- el inherente pánico que les acompañara fiel en sus vidas (…) no les importaba ya la muerte, conscientes de que ya estaban muertos.”, narraba el periodista chino en sus crónicas de guerra, justo antes de la masacre.

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Huelva, 2087

La respuesta de las fuerzas militares chino-andalusíes no se hizo esperar demasiado: se produjeron una serie de continuos bombardeos en las franjas de Huelva y Murcia, dibujando un espectacular paisaje de enormes setas de humo que borraban las nubes de un cielo gris. Huelva y Murcia quedaron reducidas a escombros. La destrucción y la miseria, la contaminación y la radiación, dejaron aquellos lugares prácticamente inhabitados e inhabitables; pero aquello estuvo completamente justificado: China, la potencia hegemónica que decidía sobre el bien y el mal en el mundo, no podía permitir por más tiempo que la población andalusí viviese al lado de semejantes barbaros que rechazaban con extrema violencia cualquier amago de convivencia pacífica. Fue un exterminio en nombre de la Libertad, la Seguridad y la Democracia.

 

1palabras de Javad Nekounam, el primer presidente andalusí de la historia, durante su célebre discurso ante la Asamblea Extraordinaria de la UGLOB, año 2074.

 

Fragmento del e-libro “Historia del Mundo” (editorial Huawei),
materia común en Educación Secundaria y Bachillerato, año 2097

 

Parte I

Parte II

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