La cabaña

Se levantó como un resorte, y antes de que se diera cuenta, ya estaba caminando hacia la cabaña donde la profecía decía que iba a morir. Pasos autómatas lo guiaban hacia su terrible destino, mientras que su trémula consciencia apenas podía rebelarse ante la tremenda fuerza de aquella llamada invisible –ese desenlace que llevaba tatuado en sus entrañas desde el mismísimo día en el que vendió su alma a la oscuridad. Leer Más

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La historia de dieciséis pájaros y su jaula [COAC.2018]

I. Volar

¿Volar?
¿Y quién fue el tonto que me dijo que aprendiera yo a volar?
Total: “¿Pa qué? ¡Pa ná!”
Si mira tú al final dónde vine a parar.
Que ya no tengo ni siquiera el aire de esta jaula para poder estirar
Estas alas que aquí dentro no me valen,
Si a mí me viene pequeño este sitio que me das.
Escucha al pájaro cantándote de nuevo,
Que tiene herido el corazón, pero no muerto.
Oye el rumor de sus dos alas
Para un teatro que es como una jaula.

Pájaro que canta, no espanta sus males: los de los otros espanta…
En cuanto sale el sol, me sacan a un balcón
Y al aire nuevo lanzo mi canción
Que pa’ quien canto sólo lo sé yo.
Y canto y canto y canto desde mi rincón
Le canto al mundo lo que quiera yo
Que pa’ cantar no me tiembla la voz.

Mis raíces en las nubes, tus raíces en tu suelo
Tú mueres por tu tierra, yo muero por mi cielo.
Tú muy tranquilo afuera pintando una frontera
Y yo encerrado dentro.
Tú siempre calladito, echando ahí un ratito
Y yo aquí encerrado me dejo la vida, la vida enterita cantando para ti.
Tú buscas la emoción, yo busco una salida,
Tú tomando las medidas,
Yo lamiendo mis heridas,
Tú poniéndome comida
Y yo pensando en escapar.
Tú dándome tu piel, yo dándote mis huesos,
Tú esperando mi regreso,
Yo penando como un preso,
Tú nada más que quieres besos,
Yo nada más que libertad.
Yo sentenciado, tú carcelero.
Tú ahí escuchando, y yo en la jaula de febrero.
Tú que me encierras, yo que te quiero.
Tú ahí escuchando y yo aquí dentro prisionero
¡Y yo cantando prisionero!

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http://www.diariodecadiz.es/diario_del_carnaval/perro-andalu-gana-Aguja-Oro_0_1217278264.html

Vengo que muerdo [COAC.2018]

Los pobrecitos castellanos

Los pobrecitos castellanos

No pueden seguir nuestro acento,

Les cuesta entender cómo hablamos

Necesitan ir más lento.

“¿Los perros? que los subtitulen…”

Hay quien pide abiertamente.

Eso mismo a mí me ocurre

Con la jerga de “Gürtel”

De mi señor presidente.

 

Por fin nuestro verbo es un grito.

Se acabó, el actor de Andalucía

Ya no es tu camarero, gitano,

Quitamierdas, o el tonto de toa la vía.

Si la palabra fuera la clave

La mia sería la lengua madre.

El alfabeto de los fenicios,

Ese tartesio de voz de plata.

La luna mora, el latín grabao en el cuerpo,

El romance de los pueblos,

La escritura turdetana desde el monte hasta la playa.

Es un dialecto adaptado al día a día,

Se llama sabiduría en continua evolución.

Mil y un vocablos reducíos a lo concreto,

Que no hablamos malamente, hablamos mucho más tiempo.

No eches pestes, amigo mío, que tu idioma sigue vivo

Por paletos como yo.

¿Cómo es posible que no me entiendas

Si tu memoria está escrita en el sur?

Pregúntate que ya es hora

Si el inculto no eres tú

Si el inculto no eres tú.

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¿Quién te ha dado la estocada final?

¿Quién le ha dado la estocada final al corazón?
¿Fuiste tú, egoísmo,
Queriendo llevarte contigo todo lo bueno del hombre?
¿Fuiste tú, consumismo,
Capaz de atraer a tu centro todos los pensamientos y esfuerzos con tu falaz recompensa?
¿Acaso fuiste tú, meritocracia,
Impulsando a mirar hacia arriba mientras los demás se funden en la montaña de cadáveres por la que escalas día a día?
¿O fuiste tú, pantalla iluminada, expandiendo por todas partes el odio y el miedo a quererse en serio?
Puede que tú también pusieras mucho de tu parte, maldita cultura, siempre tan comprometida con la represión mentirosa,

Junto a la la torpeza de un corazón obeso, perdido, inexperto, maleducado, engañado, hipócrita, idiota,

Que no sabe cómo hacer para evitar el infarto.

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Vallas

“Vallas” fue una charla que impartió el Espíritu Humano en la Sala de Charlas 12 del edificio 3. El acceso era libre; el aforo, ilimitado. Había poca gente en la sala (pero no es menos cierto que fuera había un largo vallado). He aquí un breve extracto de la charla:

 

“Hemos asumido las vallas como un elemento cotidiano,

como a un río, o a un árbol

que impide el paso

a quien se le acerque.

¿Quién se salta una valla, aunque lo cercado sea

justamente

un camino,

un faro,

un remanso,

un puente?

un posible sendero que recorrer

(como por ejemplo, el tuyo:
ese que lleva tu nombre
y que ya no será…no será. Tiene dueño). Leer Más


La náusea

Era una vez un pobre tipo que se había equivocado de mundo. Existía, como la otra gente, en el mundo de los jardines públicos, de los cafés, de las ciudades comerciales, y quería persuadirse de que vivía en otra parte, detrás de las telas de los cuadros, con los dogos del Tintoreto, con los graves florentinos de Gozzoli, detrás de las páginas de los libros, con Fabricio del Dongo y Julián Sorel, detrás de los discos de fonógrafo, con las largas quejas secas del jazz. Y después de haber hecho bastante el imbécil, comprendió, abrió los ojos, vio que había sido un error; estaba en una taberna, precisamente junto a un vaso de cerveza tibia. Permaneció abrumado en el asiento; pensó: soy un imbécil. Y en ese preciso momento, del otro lado de la existencia, en aquel otro mundo que puede verse de lejos, pero sin alcanzarlo nunca, una pequeña melodía se puso a danzar, a cantar: “Hay que ser como yo; hay que padecer con ritmo”.
La voz canta:

Some of these days
You’ll miss me honey

 

La Náusea, J-P Sartre