In dependence day

Cuatro de julio del dos mil y algo, en un lugar del Estado español de cuyo nombreMECAGOENCERVANTES:

 

-¿Te imaginas que Hitler hubiese ganado la guerra? Hoy tendríamos esvásticas por todos los ayuntamientos –dice Izan [españolización del nombre propio “Ethan”, de origen anglo-sajón] justo antes de meter un buen bocado a su apetitosa y humeante hamburguesa con queso.

-O peor aún –contesta Meri [entrañable apodo de su amiga Maricarmen]-: ¿te imaginas que los de al-Qaeda vienen a España a recuperar al-Ándalus, y nos matan a todos?

-Ohub, fbfbebe… –trató de responder Izan en alguna lengua extraña [sin duda muerta], pues el bolo alimenticio continuaba centrifugando en el interior de sus fauces.

Un hilillo de kétchup desciende poco a poco por la parte inferior del rechoncho pan de su cheeseburger, impactando finalmente contra su vaquero tejano: “¡chop!”

-¿En serio? ¿Really? ¿Ya me he manchado otra vez?

-No te apures, my man –reacciona Meri con irónica ternura-. Toma, anda: “destapa tu felicidad, bebe Coca-cola”–y le acerca hasta la boca la pajita de su refresco.

Izan sorbe un poco.

¡Ouhhhh, yeah! I´m loving it. Oye, ¿has hablado ya con el Charli?

-Sí. Me ha dicho que están todos en la bolera. Por cierto, tío –prosigue María del Carmen para su madre, “Meri” para los amigos-, tengo que contarte una cosa… –pausa dramática-… vas a flipar. El otro día, cuando quedé con él para ir al Ocean’s Club, va el nota y me suelta un “te quiero”. Así, en frío.

¿¿What the fuck??

-Como lo oyes.

-¡JÁ!… El tipo va de Bareny Stinson, pero en realidad es un Ted Mosby.

-Yo lo veo más como un Ross Geller que va de Joey Tribbiani.

-Tanto peor. Puede que la próxima vez te pida matrimonio en el Ocean´s. ¿Novia a la fuga?

-En serio, tío. Me he acojonado mucho. Solo llevamos un año… ¿No es un poco pronto?

-“Love is in the air…” –canturrea Izan la famosa canción de… ¿Axe?

¡Ja ja ja! Qué idiota eres… ¡Hostia –exclama de pronto la Meri, auto-exaltándose-, tío! me acabo de acordar de una cosa increíble que me contaron el otro día. Resulta que en Mongolia (o por ahí, por Asia) existe un deporte en el que le dan golpes con palos a un cuerpo sin patas de una oveja degollada. Los jugadores van montados a caballo y hay dos porterías, como en el fútbol. Qué fuerte todo, ¿no?

-Yo es que soy más de los Lakers

Su pretendida chuscada cayó en saco roto, pero estimuló el pensamiento de su interlocutora:

-¿Y si Gengis Kan hubiera extendido su imperio hasta llegar a España, qué? A lo mejor ahora estarías hablando del partido de tu equipo del deporte raro ese de las ovejitas muertas.

-¿Gengis Quién?

-Gengis Kan. Un emperador y conquistador mongol de hace mil.

-Cuánta imaginación. Oye, chica ¿no te parece que estás abusando ya un poco de las hipótesis?

-¡Pero si has empezado tú con eso de los nazis, cabrón!

-Bueno, bueno. Afortunadamente y a pesar de los catalanes… ¡aún somos un país libre! –añadió triunfalmente Izan, sobreactuando un poco bastante la pose de la neoyorkina Estatua de la Libertad [pero como no tenía antorcha, parecía estar más bien haciendo un saludo fascista al techo]-. Por cierto… un asunto –Izan se endereza, tose-, ¿cuánta pasta te queda? ¿te da para la bolera? Yo es que me he quedado tieso…

-¡Si hoy es gratis, tontaina!

-¡Ahhhh! Es verdad. Que hoy es fiesta nacional…

 

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