¡SIGLOVENTIÚNAME ESTA! Capítulo 1. Las niñas bonitas no pagan dinero

 

“Al pasar la barca

me dijo el barquero:

las niñas bonitas

no pagan dinero.”


-Son 9 euros

-¿Perdona? A la que acaba de pasar no le has cobrado nada

-Es que ella es bonita

-¡Pero bueno! ¿Me estás llamando fea?

-¡No! Fea no, mujer… Digamos que eres una persona poco agraciada, dura de mirar, contrahecha, Picio-follower

-¡Ya basta! ¿De verdad que me piensas cobrar por montarme a la barca?

-Son las normas, mujer. ¿Qué quieres que yo le haga? Yo no he puesto las normas, yo solo soy un empleado…

-¡La hoja de reclamaciones!

 

“¡¡¡ABAJO EL PATRIARCADO!!!”

 

Horda de mujeres armadas con pancartas y megáfonos corean:

¡Barquero, machirulo, cosifícate tu culo!

 

La resentida mujer que no era bonita se une a la concentración y a los cánticos. El barquero se encoge de hombros. La niña bonita mira la hora en su móvil dentro de la barca. De entre la multitud de mujeres, emerge una enorme figura con megáfono:

-¡YA BASTA DE DESIGUALDADES! ¡Exigimos que se nos trate a todas las mujeres por igual!

-¡Eso! –grita la resentida-. ¡Todas las mujeres gratis!

-De eso nada, hermana –le contestan-. Han de cobrarnos a todas ¡Como a los hombres! ¡IGUALDAD!

-¿¿¿Cómo???

 

La niña bonita de la barca mira para otro lado. Ese feminismo no le representa.

 

A algunas millas de allí, en el embarcadero de la localidad vecina, hay un enorme cartel que avisa a los navegantes, para que no haya líos ni sorpresas de última hora:

 

LAS NIÑAS BONITAS ENTRAN GRATIS

 

Enfrente de una legión incontable de barcas que flotan plácidamente en un mar en calma, una inmensa cola de niñas bonitas espera el próximo levantamiento de una valla automática que las separa del muelle hasta la hora convenida. Pero no solamente estaban allí: por las calles, en los parques, en los establecimientos… ¡tan solo se ve a niñas bonitas por todas partes! Sucede que la demanda tiende a converger con las ofertas, por lo que casi todos en la ciudad, tanto las mujeres como los hombres, habían ido a visitar a un virtuoso cirujano plástico, especialista de reconocido prestigio en caraplastias y operaciones de cambio de sexo. Seguro que algún lector suspicaz se preguntará: ¿pero no significa esto la ruina de los barqueros? Y la respuesta es: ¡No, qué va! De hecho, todo lo contrario. Y es que los barqueros van a comisión con el cirujano (se llevan el 50 % del precio de cada cirugía -que no es en absoluto barata, dicho sea esto de paso-). No obstante, viendo que sus ingresos andan menguando día tras día, estando ya el pueblo operado casi en su totalidad, la patronal de barqueros se encuentra actualmente en plenas negociaciones con el gremio de peluqueros. Lo que se está barajando es cambiar ligeramente el artículo 1 de la legislación de los barqueros (en virtud de dicho cambio, el artículo pasaría de “Las niñas bonitas no pagan dinero” a “Las niñas bonitas y rubias no pagan dinero”. Económicamente hablando tiene todo el sentido del mundo, puesto que en aquella localidad, la tonalidad mayoritaria de los cabellos es de un moreno tizonesco).

 

Besis.

 

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