La despedida

El tiempo vuela. Un verano roza atropelladamente el ano del otro, y en su perineo tiembla de frío el hastío y la lluvia. El tiempo vuela y es por eso que el niño feliz y estúpido se fue, y el adolescente pajillero y virgen y aún más capullo se trasformó en mariposa y luego en polilla, y el joven universitario tira la colilla y mira a su carrera inútil por el retrovisor, mientras le salen poco a poco canas en la barba. Vuela el tiempo como una paloma que se ha transformado en un dragón que te caga encima, y te vomita y se te corre encima hasta que te aplasta la densa mezcla de semen y mierda que no es otra cosa que el tiempo que desperdiciaste, y aun así te empeñas en querer avanzar en el tiempo, cual pescador que lanza su caña pensando solamente en el momento de la recogida: si es lunes, que sea viernes; si hay clase, graduarse; si curro, vacaciones; ¡que todo pase, que pase todo! Todo… Menos la muerte. Eres el heredero de la peor condena: la de saber que la vida es bella, pero que solo te pertenece a ratos. “Si quieres tenerla a tu lado un momento, debes aprender a ganártela con esfuerzo”. Sudor. Meritocracia. Lamiendo almorranas a un jefe. Seis-cinco-cuatro: la alarma de la mañana indica el inicio de tu presidio, pero yo sé que serías capaz de cortarte una mano con tal de dormir una hora de más. Siete-cero-cero, te levantas a duras penas. El cuerpo avanza pesado en la mañana, los ojos cargados, tu ano burbujea café. Nueve-dos-tres, llegas a la oficina y vuelves a hacer lo mismo que ayer y que será lo mismo que hagas mañana -una y otra vez… una vez y otra. Diecinueve-cuatro-cuatro: el reloj marca la hora deseada y escapas, y llegas a casa y te relajas, y derrotado en el sofá te duermes… (Seis-cinco-cuatro: ¡Alarma, alarma!) y todo comienza de nuevo (… O de viejo). Una voz en tu sueño te ha susurrado algo, pero no eres capaz de recordarlo… Ya no. Alguien dijo una vez eso de que La vida es dolor, pero se equivocaba; la vida no es dolor, es aquello que haces para evitar que la vida duela. Y entonces agarras la botella hasta que ya no queda ni gota de alcohol, mientras te llenas los pulmones de ceniza y pienses en prolongar la noche un instante de más, y con un poco de suerte incluso alcanzar la muerte del orgasmo, con la esperanza de despertar mañana en otro planeta… O en un milagro. Pero te despiertas y sigues aquí, aquí donde solamente ha cambiado una cosa: que ahora te duele la cabeza, tienes resaca, y te planteas si tu nivel de alcoholismo es algo digno de tratar; de tratar con más cerveza, te refieres -y quizás sea lo mejor que puedes hacer, volver a beber, pues en el fondo solo quieres escapar de todo esto; pero estás atrapado en una trampa sin escapatoria. Este mundo no lo diseñaron para ti, yo sé que te sientes incapaz de hacer como tantos y tantos otros hacen; esos que, subidos en el burro amorfo del pragmatismo conformista, prefieren rediseñarse a sí mismos para adaptarse a lo que hay, como tuerca enroscada al tornillo, como agujero de bala en la sien. Aquellos que sueñan con ser ricos y que gastan y gastan para creérselo, aquellos a los que ni la realidad desengaña: esos son los hijos de este ciego mundo; ¿Tú? Tú solo eres su excremento, y yo soy el tuyo y el excremento de todos ellos, porque sé que ellos también odian las alarmas y temen a la muerte. Sé que ellos son solo una fachada pintada a sí misma, sé que fingen y que saben que estoy tratando de desenmascararlos; por eso me odian, porque yo soy el enemigo del espíritu de este mundo, de este mundo decadente y corrompido que se expande como una lepra, depredando vuestra carne a cambio de semana y media en Riviera Maya, pidiendo cócteles a un esclavo que es tan esclavo como tú. Yo soy cada una de vuestras depresiones post-vacacionales, pidiéndoos a gritos que me escuchéis de una puta vez, pidiendo la revolución del mundo, la resurrección de la carne. Soy el susurro que os habla en vuestros maltratados sueños, esos mismos sueños maltrechos que os robaron las alarmas diarias. Soy lo que está detrás de cada cigarro que os fumáis para invocar a la calma, y también lo que apagáis con el alcohol que os embriaga de falso olvido. Soy vuestras almas encerradas pidiendo auxilio desde dentro, mientras me matáis por no morir, estando muertos en vida. Soy el sentido que perdisteis cuando os vendisteis al dios diablo, tus lágrimas frente al espejo, tu ego maltratado por el dinero y la injusticia, el fuego de la vida que se apaga en el trabajo. Soy tú, pero no estás: te has transformado en autómata. Sí, yo soy eso, lo que olvidaste: la Libertad. Olvídame con cariño mientras me matas, mientras me muero por recordarte

Pues ya no me queda mucho tiempo… ya no

Y el tiempo, amigo, vuela.

 

 

asasa - copia

 

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