Jesús por encargo

Sobre la doble puerta de cristal perfilado, brilla un enorme rótulo con letras grandes y precisas:

WE ARE THE FUTURE

La joven –delgada y morena, rostro delicado y almendrados ojos verdes, ropa raída por el ayer y zapatos rojos de papel de charol- penetra por la puerta empujándola tímidamente. Amplitud y claridad la reciben en el interior, y un mostrador en el fondo igual de iluminado, y una secretaria tras él, y la joven que se acerca entonces a aquella secretaria

-Buenas tardes, soy María. Me han citado aquí a las 6
-¡Hola, María! Te estábamos esperando. Ven, sígueme…

Un pasillo también luminoso y lleno de puertas, puertas y puertas. La secretaria abre una de ellas más o menos a la altura de la mitad

-Ahora vamos a hacerte unas fotitos para el catálogo… Pero tienes que cambiarte de ropa…. Urgentemente. Mira, ten. Puedes ponerte esto…

Vestido rojo, elegante y recatado; tacones finos, altos y negros; collar de perlas y colgantes de oro –la antítesis de María, que se cambia en un pequeño cuarto contiguo a aquella estancia, desvistiéndose lentamente, pesadamente, casi siendo una sucesión de fotogramas estáticos, sin pizca de ilusión en su rostro… aunque tampoco hay desilusión. En su rostro –ahora reflejado en un largo y estrecho espejo- parece que calla la indescifrable nada del corazón acorazado –que late sin más remedio tan solo para vivir porque sí

María sale entonces del cuarto contiguo con renovada presencia –o dicho de otra manera: con el cuerpo repleto del exceso del que ella carece en su vida ordinaria

-¡Pero qué cambio que has dado, María! ¡Estás muy pero que requete guapa! De verdad te lo digo… ¡Te van a rifar! Ahora avisaré al fotógrafo. Espera un momento aquí…

La secretaria desaparece; y es entonces que la inofensiva habitación, cuadriculada y vacía, parece que crece… Que crece y que se expande… Que se expande y que recae sobre sus hombros junto al silencio… –la habitación, la soledad y el silencio caen sobre ella hasta el punto de que la ASFIXIAN. Segundos de reflexión solitaria para María: “No les importa quien soy; solo mi cuerpo”, se dice a sí misma, descifrando así sus secretos hasta ahora ocultos tras un rostro serio que se descompone, siendo plenamente consciente de su condición en estos momentos –flotando a mereced del dios dinero para escapar de su libre pero pobre deriva-… y sintiéndose de pronto muy intimidada por la situación; pues nunca antes había sido objeto de catálogo. Ella no sabe si estará a la altura de dicho trámite; duda de sí misma sin pretenderlo, sin poder evitarlo; se pone muy nerviosa; tiembla, tiembla su cuerpo; se encoge, se empequeñece, su pie derecho vibra sin control; su corazón se agita y centrifuga como una lavadora vieja y ruidosa… pero recuerda que no es ella la que ahora importa, sino su cuerpo –su cuerpo, que solo su cuerpo: que ella es tan solo un Cuerpo ahora mismo. “Mi cuerpo estará a la altura independientemente de mí”, se convence. “Mi cuerpo estará a la altura… Estate tranquila, María”, se repite: “Tan sólo tengo que ponerme como me pidan. Todo irá bien, María. Todo irá bien…”

Entonces llega el fotógrafo cargado de cámara y trípode…
…E, inevitablemente, vuelven a entrarle los nervios a María

-¡Hola, María! Encantado de conocerte. Mira, te comento un poco lo que vamos a hacer ahora… Voy a hacerte unas cuantas fotos que serán tu carta de presentación, para que los clientes puedan verte y decidirse… ¿vale? Bien. Pues ahora quiero que te pongas ahí… Así, mira aquí… ¡Tú relájate, chiquilla! La magia la pongo yo

*  *  *

¡Hala!, ¿española? Eres la primera chica española que viene a trabajar aquí. Yo soy Evelyn, encantada, y ellas son Rosario, Milagros y Betty. Nos llevamos de madre nosotras, ¿verdad, mis niñas? ¡Ja, ja, ja, ja! Mira, las de allí son Svetlana, Ivania, Nadia y Verushka. Siempre andan juntas, como nosotras las latinas. Pero ellas van siempre muy a su aire… Ya las irás conociendo, ¡ja, ja! Y esta bonita chica negra que ves aquí, es Ashanti. Aún no platica mucho el español, pero la estamos enseñando de a poquito… verás: ¡Ashanti, ven acá! Di hola a María… ¡Ja, ja! ¡Oh…! Pero qué lindo acento, ¿verdad que sí? Casi siempre anda un poco triste ella… pero bueno, nosotras tratamos de que al menos no se sienta sola. No sabemos qué le ocurrió allá en su tierra… tuvo que haber sido muy duro para ella. Y entre que no platica mucho, y que cuando lo hace no la comprendemos bien… Mira, yo vine del Perú hace ya… hace… ¡Ay! Ya ni recuerdo, mi niña… ¡Qué palta! Te diría casi que ya soy de acá, si no fuera porque nunca me he sentido verdaderamente acogida. No, no me siento en casa, ¿sabes? Aunque hay mucha gente amable acá, eso es cierto, sí… Pero bueno… Igual siento que la mayoría siempre mantiene las distancias. Es como si cada cual tuviera reservado un sitio muy específico del que no se pudiera salir jamás nunca… ¿Me entiendes ahora mejor, mi niña? A ellas les pasa igual, además… ¡Ah!, menos mal que las tengo a ellas… en serio, es que ellas son como mis hijitas bonitas para mí, ¿verdad que sí que lo son? Claro que sí que lo son… ¡Ja, ja, ja, ja! Aunque en realidad no soy tan mayor, ¿eh? ¡Vamos a ver!… ¿Qué edad me echas?… Ay, gracias, gracias… Pero no. Tengo ya 36 primaveras, mi niña… como ves, ya me queda muy poco tiempo de trabajo acá… ¡Ja, ja, ja! ¿Pero sabes qué? ¿Te cuento una cosa? Yo creo que aún me mantienen en nómina porque actúo un poco como la mamá de todas… ¡Ja, ja, ja, ja, ja…! Tiene su gracia la cosa, ¿no te parece? ¡Ja, ja, ja, ja! Cada vez tengo más claro que la vida es una inmeeeensa ironía… Ay, señor. ¡La de cosas que le tocan vivir a una que una nunca se esperó vivir…! Por cierto, mi niña, y perdóname la indiscreción, pero… A ver cómo te lo digo. Mira, mi niña, ¿tú estás segura de que es esto lo que quieres? ¿No tienes otras opciones?… ¿De veras?, ¿no? No quisiera yo entrometerme ni alarmarte demasiado, pero debes saber que esta es una profesión muy dura. Hace poco tiempo, de hecho, una compañera nuestra, Katia… ¡Ay! Es que te veo tan pequeñita, tan inocente… Me recuerdas un poco a ella, mi niña… La estoy viendo ahora mismo en ti, reflejada. Mira… a ver… Escúchame bien: hay que ser fuerte, ¿entiendes? Muy fuerte… de veras: ¡FUERTE! La gente no comprende lo duro que puede llegar a ser esto. La primera vez, una se siente un poco como una perra a la que le arrebatan sus cachorros para venderlos. Ser mamá para mamar… coño, ¿entiendes ahora mejor lo de la enorme ironía de la vida? La ironía está por todas partes, mi niña… por todas partes está. Y bueno. Esta fue su primera vez, claro… La de Katia, me refiero… Sí… Y nada. Ella, la pobre, pues entró en depresión. Ya ves… se hundió. No hablaba con nadie, no comía… Estaba siempre como en otra parte, ¿me entiendes, mi niña? Estaba como ida. Dejó el trabajo en cuanto superó el posparto, y después estuvo en paro por un tiempo… o eso me dijeron. Luego me contaron que regresó a la prostitución. Yo creo que lo hizo un poco por inercia, porque cuando una está así… cuando una está de esa manera… ya no le importa caer, ¿sabes lo que te digo? Una siente como que ya no puede caer, que más abajo ya no hay nada…. Pero lo hay. Siempre lo hay. Y eso de regresar a la prostitución… la hundió todavía más adentro de su pozo. La llamé mil veces cuando me enteré de su situación. Fui también a buscarla a su casa, mi niña, fui a buscarla varias veces… pero nada. Katia estaba ilocalizable… ilocalizable. Desapareció del mundo sin dejar rastro. Se esfumó, así, sin más, ¡CHAS! Hasta que nos enteramos de que… Bueno… Supongo que ya puedes imaginarte lo qué pasó. ¡Ay, dios mío! Qué pena, por dios, qué pena… mi pobre Katia… ¡Snffffff, nffffff!… Ella no pudo soportarlo, no pudo… Y bueno; tan solo quería advertirte, mi niña. No quiero que esto te pase también a ti, ¿entiendes?

*  *  *

-¿Qué te parece esta?
-Está cogida. Mira, lo pone aquí
-¡Ah, sí! Pues qué pena. Me gustaban mucho sus ojos
-La verdad es que tiene los ojos preciosos
-Preciosos, sí… Qué pena que esté cogida
-Pasa la página. A ver qué más hay por aquí…
-Latina… rumana… negra… latina… ¡Uy, José! ¡Mira, mira esta!
-¿Esta?
-¡Sí! Esta es la que me gusta. José, ¡mírala bien!
-Parece más joven de lo que es
-Es española. Y además se llama María…
-María. Como la virgen
-¡Exacto! Ay, José… Creo que es una señal. ¿Quién mejor para ser la paloma que geste a nuestro pequeño Jesusito que una española llamada María?
-Muy bien, Magda. Nos la quedamos

 


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