Javier Gallego en #CarneCruda: “El problema de Cataluña no va solo de independencia”

Puedes cuestionar todo lo que quieras las razones para la independencia, pero es incuestionable que detrás hay una reclamación popular de más democracia ante un sistema en crisis. Como la había en el 15M y el movimiento de Los Indignados.

El problema de Cataluña no va solo de independencia, va de democracia. Va de que la mitad del electorado quiere dejar España y entre un setenta y un ochenta por ciento quiere votar en qué país vivir. Va de que cientos de miles de manifestantes llevan años tomando las calles y pidiendo ser escuchados por el Estado, pero las únicas respuestas que han recibido son el mazo y la porra. Va de que hay un enorme movimiento de masas que reclama revisar su contrato social, y no se le puede contestar con represión policial, sentencias judiciales y amenazas políticas. Va de que se ha puesto a prueba el sistema democrático español y ha vuelto responder con ley, orden y mando.

Puedes estar en contra del independentismo, pensar que sus líderes han instrumentalizado a sus bases, que se han saltado las leyes de todos y han dejado a la mitad de Cataluña al margen, que los corruptos se han parapetado en la bandera, que es más una lucha clasista que una lucha de clases, que es una pataleta burguesa más nacionalista que social, que hay supremacistas infiltrados, etc., etc. Puedes cuestionar todo lo que quieras las razones para la independencia, pero es incuestionable que detrás hay una reclamación popular de más democracia ante un sistema en crisis. Como la había en el 15M y el movimiento de Los Indignados.

El problema de España, que se revela en el problema de Cataluña, es que el antiguo régimen se resiste a que lo exhumemos y lo enterremos. De ahí que el statu quo, con el rey y los partidos cortesanos a la cabeza, reaccione con virulencia para impedirlo.

Lo que se discute no es solo el modelo territorial, es el modelo de Estado y el Pacto del 78. Es una petición masiva de participación en la construcción de un país diferente, que para los independentistas es una república catalana y para todos es otro estado español –que podría ser federal, plurinacional, incluso republicano-. La ruptura en Cataluña es una enmienda a la totalidad de la monarquía, el centralismo, el bipartidismo, el autoritarismo y las estructuras franquistas que perviven en el sistema.

No es casual que coincida la dificultad de exhumar a Franco con la dificultad de votar un nuevo orden. El problema de España, que se revela en el problema de Cataluña, es que el antiguo régimen se resiste a que lo exhumemos y lo enterremos. De ahí que el statu quo, con el rey y los partidos cortesanos a la cabeza, reaccione con virulencia para impedirlo. El poder quiere una segunda transición que lleve a una restauración, porque si dejara votar a los catalanes tendría que dejarnos votar a todos, y muchos tienen miedo de que les quitemos del medio. Como al caudillo.

Los republicanos y demócratas verdaderos –no los de boquilla y pulserita-, aunque no compartamos los fines separatistas del independentismo, deberíamos apoyar sus medios democráticos: más participación de los ciudadanos en las decisiones esenciales. Que voten los catalanes y que votemos todos los españoles en qué nuevo país queremos vivir.

El procés no es un proceso anticonstitucionalista –como dicen los que se autodenominan constitucionalistas-, es un proceso constituyente. Por eso los republicanos y demócratas verdaderos –no los de boquilla y pulserita-, aunque no compartamos los fines separatistas del independentismo, deberíamos apoyar sus medios democráticos: más participación de los ciudadanos en las decisiones esenciales. Que voten los catalanes y que votemos todos los españoles en qué nuevo país queremos vivir.

No se puede seguir negando la marea democrática que inunda Cataluña. El desbordamiento de estos últimos días es la demostración de que ni la represión policial, ni la cárcel, ni el 155 pueden contenerlo, al contrario: cuanto más se estrecha el rio, más se desbordan las aguas provocando indeseables episodios de violencia callejera y excesos policiales. Cuando la calle se desborda, es porque el cauce legal se ha quedado pequeño y hay que encontrarle un nuevo cauce político antes de que tengamos que lamentar daños irreparables. Es sencillo, aunque lo hagan difícil: hay que hablar y escuchar. Votar y acatar.

Democracia, vaya.

Carne Cruda (#591)

Hay que hablar y escuchar. Votar y acatar.
Democracia, vaya.

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