Bloque izquierda, casa de locos

“Vete a la mierda… ¿Frente Judaico Popular? ¡Somos del Frente Popular de Judea!”

– La vida de Brian, Monty Python –


A estas alturas de la película, ya pocos se sorprenderán de la infalible predisposición genética de la izquierda hacia la tumoración. Es como un dolor de estómago constante que nunca sabes si estará causado por gases o por un Alien. En cuanto al lado derecho del río –o Lado Oscuro de la Fuerza, según se mire-, lo tienen mucho más fácil: sus divisiones tan solo responden a pequeños matices que huelen más bien a despecho, oportunismo y/o ambición. Pero a la hora de la verdad, ellas, las derechas, se fusionan muy alegremente en la misma figura del señorito de patillas gruesas que cabalga obsesionado con la Unicidad, Grandeza y Libertad de su propio bolsillo –al que tiene la mala costumbre de llamar “ESPAÑA”. No en vano, un mismo miedo recorre por sus venas. Que sin esclavos no hay privilegios, tú.

A las izquierdas, fíjate, les suele costar más trabajo darse el apretón de manos. ¿Por qué será? Igual es porque tenemos al “jefe infiltrado” (¿Adónde? Una pista: lleva una rosa en la mano). No obstante, su tejido no deja de burbujear… bajo su superficie aprietan cabezas como topillos saltarines. ¡Ups! Parece que de la izquierda ha brotado un “Errejón” salvaje…

Y encima va y dice que se presenta a las elecciones…

¿Pero sabes lo peor? Que creo que voy a votarle.


Unidas Podemos, o cavarse su propia tumba

Ramón Cotarelo, politólogo madrileño que ha desarrollado una reciente y curiosa filia sexual –la esteladafilia– que le hace creerse nacido en Vic y descendiente directo de Sant Jordi –el padre- y la Moreneta –la madre-, tiene la mala costumbre de estar casi siempre brillante cuando se pone a pensar en serio. Suya es la siguiente tesis: Podemos está condenado a ocupar el espacio electoral residual de Izquierda Unida. Tal que así lo expresó por sí mismo en una entrevista de Vozpópuli (2016), con el tono de abuelo cascarrabias con principio de demencia senil que tanto le caracteriza:

“Su proyecto [el de Podemos] me pareció bien. Siempre he sostenido que había hueco en la izquierda al margen del comunismo anquilosado que no tiene nada que ofrecer. No tiene nada que ofrecer hasta el punto de que no se atreve a presentarse a las elecciones con su propio nombre. ¿Cuánto hace que el PCE no se presenta a unas elecciones con sus siglas? Se ocultan detrás de otras organizaciones, monta camuflajes, como la matrioska que está montando ahora Podemos. No tiene discurso. Esto se lo he dicho yo a Pablo: “O te separas del comunismo o no tenéis nada que hacer”. Es imposible que gobiernen así. Es que los comunistas no ganan elecciones en ningún país del mundo. En los últimos cien años, ¿en qué país con elecciones libres han ganado? Y las hay cada cuatro años en 200 países, eh. No ganan nunca.”

Me encanta.

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Ramón Cotarelo en su única imagen disponible libre de derechos. En realidad no está tan “cascao”

Detrás de estos farfulleos tan lúcidos (ojo al oxímoron) se esconde la auténtica clave: ser marxista ya no es cool. Antes molaba cantidubi, sí, pero ya –casi- nadie se siente identificado ni con sus símbolos ni con su retórica –ni siquiera la propia izquierda, por lo que estamos de nuevo ante la indescifrable paradoja del huevo o la gallina.

Lo que entendemos hoy como “izquierda” es un mutante socialdemócrata lleno de costras, cubierto de residuos, que no cuestiona las reglas de juego –la ingenua base de su solución: siempre impuestos, impuestos e impuestos. ¡Ah, se me olvidaba!, impuestos también (¡pero solo a los ricos, eh, no a ti! Relájate, puto pobre). Decía que la izquierda de hoy es un repulsivo ente mutante que se olvidó de quién era, pero que apesta lo suficiente como para que el desafinado oído de los obreros alienadospatrones lo tache de populismo rrrrradical demagogiaaaaaaACKKK… (y ahora es cuando te potan encima).

Del tatarabuelo comunista ya no queda nada, apenas polvo de fósil; pero ese poquito tan solo ya basta para generar alergia y que la sociedad mire hacia cualquier otra parte. Que no, que la hoz y el martillo no enganchan… O sí: pero a una porción tan menguante de gente que poco a poco tiende a converger con los porcentajes electorales de la antigua IU de Anguita:

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Que si te diriges a cuatro gatos te van a votar, como máximo, cuatro gatos. Queda claro, ¿no?


PSOE, o cavarse su propia tumba

Puesto que nos hemos adentrado en el farragoso campo de los símiles o comparaciones, sigamos llenándonos de mierda los zapatos:

El Doctor Jekyll o Mister Hyde –o sea, el PSOE- sabe que debe encontrar un equilibrio perfecto entre sus dos personalidades antagónicas, porque…

A más Dr. Jekyll (el honorable señor): Iglesias se hunde, pero la derecha engordará;
y a más Mr. Hyde (el mutante hijodeputa): los indecisos que bailan entre la naranja y la gaviota pueden agarrar la rosa, pero Iglesias crecerá…
a costa del propio Jekyll.

Estas son las paradojas de ser esquizofrénico, oiga.

Qué quieres, ¿un ejemplo práctico? Entonces mira a la realidad: la flamante exhumación de La Momia de Paco es la cara humana del Soe; la cruz monstruosa (del Soe, no del Valle), su peligrosa aproximación a la derecha con el conflicto catalán como candente telón de fondo.

Del resultado de esta tensión saldrá el PSOE fortalecido o derrotado… O al menos, en apariencia. Porque antes de todo eso, el esquizofrénico partido de los socialistas de boquilla ya había decidido lanzarse de cabeza hacia unas nuevas elecciones generales, pensando que, dado que las encuestas le felaban su colorado capullo, estaba siendo percibido más como hombre que como engendro.

De tanto placer que sentía, ni se pinchaba con sus espinas –pero las espinas, en la rosa gritan “¡Con Rivera no!”, y Mr. Hyde intentando maquillarse con coloretes naranjas para parecerse a Jekyll y caminar como un Ciudadano cualquiera… Tomando por tontos a sus votantes.

Y cuando los votantes –en general- más decentes, orgullosos y puristas –esos a los que los medios ahora llaman los “progresistas”; esos que se creen que su voto es de oro- parecían condenados a tener que elegir entre votar otra vez lo mismo o botar en el sofá del disgusto…

Aparece Errejón, sin gafas, como un Superman desnutrido.


Más País, ¿enterrador o reanimador?

Por si no fuera suficiente con la campaña mediática en contra, la izquierda va y se dispara nuevamente contra el propio pie. Pero la sobreacumulación de torpezas es solo la última gota que colma un pequeño vaso de chupito. Indecisos, hastiados, apolíticos, desencantados, gente que piensa que un gobierno de Podemos trasladaría la capital de España a Caracas: todos ellos podrían agrandar el tamaño del vaso hasta que dentro cupiese una mayoría absoluta de progreso.

¿Pero puede esto lograrse, o solo soñarse en realidad? Veamos cómo pinta el panorama ahora mismo…

Los riesgos de la coalición Podemos-Izquierda Unida se comprobaron casi al instante, cuando decidieron unirse para la primera reedición electoral de 2016 (separados aunaron más de seis millones de votos mientras que juntos apenas alcanzaron los cinco millones, siendo superados por el Partido Socialista). Y es que ¿cómo metes a convivir a dos partidos con estrategias políticas tan diferentes? La sangría de votos era inevitable. Piensa que la vocación trasversal inicial del partido morado había atraído a mucha gente a la que nunca se le ocurriría llevar una camiseta del Ché, mientras que muchos necrófilos de la simbología tradicional comunista se negaban a compartir trinchera con quienes no se saben –ni les interesa saberse- “La Internacional” (canción que data del año 1919, por cierto). Por su parte, el PSOE es votado principalmente por izquierdistas ingenuos, socialistas añejos nostálgicos, turnistas políticos del bipartidismo y, en general, peces desmemoriados cuyos recuerdos dependen de lo que se diga en la tele en cada momento concreto.

En consecuencia, una orfandad evidente se dispersaba en forma de abstención, mientras que aquellos que piensan que “si no votas luego no tienes derecho a opinar” optaron siempre por tirar su voto en el PACMA, PCPE, Actúa, etc., etc.

En definitiva: existe una brecha amplia en el campo de juego progresista por la que muchos apoyos se escapan y acaban flotando en agua sucia de cloaca –o lo que es todavía peor: en victoria rancia a la derecha. Una brecha que no podría cerrarse nunca mientras las dos únicas opciones mayoritarias de la izquierda fueran Unidas Podemos y el Partido Socialista.

Y es aquí donde aparece el Más País de Errejón: una hamburguesa vegana que ofende menos, pero que llena el estómago igual.

Para no enrollarme demasiado, este nuevo partido viene a contestar que a la siguiente pregunta: ¿se puede ser realmente de izquierdas –lo cual excluye al PSOE- sin quedarse tuerto de un ojo –lo cual excluye a UP? Una estrategia tan inteligente como interesante –se trata de ganar, ¿no?- pero quizás en el peor momento posible, puesto que los indecisos, los hastiados, los apolíticos y los desencantados pueden sentirse hoy más seducidos por la firmeza populista de la derecha frente al conflicto catalán.

Por lo tanto, habrá que esperar al desenlace final de este vodevil -¿o era Voxdevil?- ya que si el nuevo partido de Errejón no es capaz de atraer finalmente a más gente para la causa, sino que tan solo se dedica a fragmentar un voto ya decantado, estaremos abocados a la resurrección del monstruo.

Y resultaría muy irónico haber sacado a Franco del Valle de los Caídos, no ya para enterrar definitivamente al franquismo, sino para sentarlo de nuevo en el poder de la nación:

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A ver si el último disparo de la izquierda, en vez de agujerear otra vez en el mismo pie, acaba por atravesar la tapa de sus propios sesos. Los putos rojos, coño, que estamos mu locos.

 


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