A Spanish Carol: Un mundo ideal

-Señora, abra la puerta, por favor

-Oiga, que yo os apoyé cuando lo de Cataluña

-Muy bien, señora, pero tiene usted que entender que tiene una orden de desahucio desde hace más de dos años

-Ea, ¡lo que me faltaba hoy por oír! Y yo que venía muy molesta porque en el metro un niñato me ha ofrecido su asiento y…

-Señora…

-¡Qué se habrá creído ese maldito mocoso! ¡Ni que yo fuera una vieja, oiga!

-Por favor, señora, escuche…

-¡Yo no necesito que ningún niñato me ceda su asiento, hombre! Mis piernas están perfectamente… ¡Perfectamente! Y ahora, encima, me vienes tú con esto de lo del desahucio. Las desgracias nunca vienen solas, dios mío, desde luego que no…

-Señora, si no abre usted la puerta procederemos a su derribo

-¿Pero no te estás enterando de lo que me ha pasado hoy? ¿Acaso no tienes corazón?

-Sí, señora, nos hemos enterado bien. Pero eso no tiene nada que ver con lo que ahora nos atañe

-¡Pero que yo os gritaba lo de “a por ellos, oé” cuando fuisteis a salvar a la patria a Cataluña! ¿Así me lo agradecéis? Coño, vaya panda de sinvergüenzas…

-Señora, última advertencia: o abre usted la puerta o procederemos a derribarla

-¡Venid aunque sea otro día, por favor, que hoy estoy muy nerviosa! Ese maldito niñato que se ha pensado que yo era su puta abuela… Hoy no tengo el coño pa´ farolillos, de verdad. ¿Qué tal si venís el martes que viene?

-Señora, apártese de la puerta

¡¡¡BUUUUUUUM!!!… ¡¡¡BUUUUUUUM!!!

Matilde da un respingo. Sus negros ojos se agigantan y se proyectan hacia delante como dos platos hondos puestos del revés

¡¡¡BUUUUUUUM!!! ¡¡¡BUUUUUUUM!!! ¡¡¡BUUUUUUUM!!!

Matilde da vueltas por el pasillo, va y viene cual si un ave de corral consciente de su próximo sacrificio se tratara; consciente de que, quizás, ya le han cortado la cabeza

¡¡¡BUUUUUUUM!!!… ¡¡¡BUUUUUUUM!!!… ¡¡¡BUUUUUUUUUUUUM!!!

Cada vez que oye esos golpes, su corazón explota por dentro. No sabe muy bien lo que hacer, “¡qué hago, que hago!”, se exclama mientras agarra un crucifijo y acude desesperada al balcón a pedir ayuda

“¡¡¡AUXILIOOOO, AUXILIOOOOOOOOOOO!!!”

Grita blandiendo su crucifijo. “¿Dónde estarán los perroflautas antidesahucios cuando se los necesita?”, piensa con real amargura

¡¡¡BUUUUUUUM!!! ¡¡¡BUUUUUUUM!!!…

¡¡¡CLASHHHHH!!!

La puerta se desmaya firme y tiesa hacia adelante, derribando en su caída el largo perchero de Matilde. El abrigo de la señora de la casa queda atrapado debajo, con los brazos bien extendidos, fatal casualidad con la que parece que denuncia su condición de baja colateral en una guerra que no le atañe

“Ea. ¡Que le den por culo a la puta vieja!”

Se oye en el fondo del pasillo.

La imagen de esos cuatro gendarmes de acero uniformado penetrando en sus aposentos causa una grave impresión en el alma de Matilde, quien pierde gravemente el equilibrio y se resbala hacia el abismo de la calle, su destino final quiera o no

“¿Dónde está la señora? ¿Alguien la divisa?”

Dice un policía mientras la espalda de Matilde baila en la barandilla, su cuerpo balanceándose sopesando la idea de llegar abajo prescindiendo de las escaleras… Pero la cruel gravedad empuja

“Mírala. ¡En el balcón!”

“¡Corre, cojones, Cabanillas! ¡Está a punto de caerse!”

En efecto, Matilde está a punto de caerse; no en vano, su salvación está allí presente y cuelga de su balcón a la calle: ¡la bandera! ¡Sí! A ella se aferra. Su vida depende, hoy como siempre, de ESPAÑA

“¡Corre, Cabanillas, corre!”

Matilde da una voltereta, suelta el crucifijo y agarra la bandera firmemente con las dos manos; pende de esos hilos rojos y amarillos mientras sus pies pedalean en el aire con asfixiante desesperación

“¡¡¡AHHHHHHHHHHH!!!”

Los nudos que unen casa y bandera se desatan y Matilde cae, sin soltarla, hacia el vacío…

…Y entonces, antes de estamparse contra el congelado asfalto, ella alarga la bandera y se acurruca dentro de la misma, con la sutil esperanza de que forme una película protectora o de que, quizás, actúe en forma de cama elástica; en fin ¡que su patria la salve! ¡Que su querida bandera no se convierta en una sábana mortuoria, por favor!…

Pero… ¡Dios! ¿Qué ocurre? ¡La bandera está comenzando a volar como si fuera una alfombra mágica!

A su lado aparece ahora Bertín Osborne, su amor platónico desde la infancia, disfrazado de Aladino. ¡Ah, si encima le está dedicando una media sonrisa de auténtico fucker ibérico!

“¡Oh, Bertín, mi héroe!”

Espeta Matilde con desaforada ilusión y un chocho hecho cataratas (del Niágara, por lo menos); entonces, guiando a la bandera en su viaje, Aldaddín Osborne canta con su voz viril:

“Yo te quiero mostrar

Cosas maravillosas

Ven princesa, y déjate llevar

A un mundo ideal…”

“¡UN MUNDO IDEAAAAAAAAAAAAAL!”

Grita Matilde contagiada por la magia de aquel instante

“¡Mira!”

Añade Bertín Osborne señalando a un majestuoso águila que los acompaña en su poderoso vuelo sonriendo y guiñando un ojo, mientras saluda efusivamente con su amplia ala derecha. Matilde, muy emocionada, devuelve el saludo y observa con gran orgullo los diferentes monumentos de España: el Acueducto de Segovia, el Teatro Romano de Mérida, la Alhambra de Granada, la Giralda y la plaza de la Maestranza, los Primarks…

“¡En ese me compré una blusa monísima, Bertín!”

… El Santiago Bernabéu, la Mezquita de Córdoba, la Muralla de Ávila, el Valle de los caídos, los Zaras de don Amancio, el Aeropuerto de Castellón, la bella Sagrada Familia iluminada por los fuegos de los CDR…

“¡Qué bonita es España! Cataluña también es bonita pero, sobre todo, también es España”

Añade Matilde con suficiencia, haciendo gala de sus brillantes dientes postizos. Desde la Plaza de Colón, donde luce inmensa la bandera de nuestra patria, saludan muy sonrientes Rafa Nadal, Santi Abascal y el rey emérito. ¡Tiene mérito!

“Y ahora, ¡vayamos al sol!”

Dice Matilde eufórica

“¡Siiiiiii! ¡Voy hacia el sol! ¡Tocaré el sol! ¡Cara al sooooooool!”

La intensa luz de un foco ciega los ojos de Matilde

-Parece que se está despertando, doctor

-Es fascinante… fascinante. Un auténtico milagro que haya sobrevivido a semejante hostia

 

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