[Diario de un confinamiento] El profeta

¡Silencio! Que habla el profeta. Y otra vez nos dice que nadie debe entrometerse en el libre baile del sacrosanto mercado. Que si las mascarillas están caras, es solo porque así lo quiso la providencia de su mano invisible, la cual se encarga de darle a cada cual lo que efectivamente se merece. Así, el fiel que se haya esforzado lo suficiente para tener mucho dinero no tendrá problemas en comprar mascarillas para sus gatos, mientras que los vagos e infieles que no lo hicieron deberán elegir entre comprar mascarillas o comer. Que el totalitario y apóstata Estado no debe fijar un precio máximo de un euro para este producto que apenas costaba un puñado de céntimos hace cuatro o cinco meses, ya que eso generará un desabastecimiento bolivariano y una pérdida importante de beneficios para unos pastores ya desangrados por los impuestos. “¿Pero cómo van a tener los incapaces derecho a quitarle las mascarillas a los más válidos?”, proclama veladamente este honorable profeta. Que eso es antieconómico, y que las mascarillas deben permanecer en los estantes esperando a que la selección natural haga el resto del trabajo divino. Que el hombre no debe usurpar la obra de Dios y que para los pobres, ya está Cáritas. Palabra del señor (te adoramos, óyenos).

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