Las cavernas de Platón

—Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea. Dicha caverna está provista de una única puerta de entrada, la cual solamente se permite traspasar para ir al trabajo o a hacer la compra. Los prisioneros que allí residen pueden moverse libremente, siempre que lo hagan dentro de la propia caverna. Sin embargo, están atados a un pequeño artefacto por sus manos. Un artefacto capaz de reflejar las sombras que aquellos hombres deseen contemplar en cada momento.

—¡Qué extraña escena me describes! ¡Y qué extraños prisioneros son esos!

—No deberían parecerte tan extraños, Glaucón, pues esos hombres son iguales a nosotros.

—No comprendo.

—¿Acaso hemos visto algo más que las sombras proyectadas por nosotros mismos en las pantallas de nuestros móviles durante este estricto confinamiento?

—Bueno, ¿y qué otra cosa podíamos ver?

—Y cuando hablábamos los unos con los otros, siempre a través de nuestros teléfonos móviles, ¿acaso no lo hacíamos también sobre aquellas sombras?

—Sin duda.

—¿Y crees que durante todos estos meses confinados hemos visto otra cosa de nosotros mismos y de los demás que dichas sombras, que las sombras que libremente queríamos y decidíamos ver?

—No, puesto que estábamos forzados a verlas solamente a ellas.

—Y ahora que ya somos libres, Glaucón, ¿cómo es la realidad que percibes? Cuéntame…

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