Pelusas de pánico en el ombligo

Suena ese clic que nunca la historia quiso volver a oír; pero nadie, salvo su teclista, lo escuchó.

***

Cruzó el paso de cebras con la precaución de quien se sabe en peligro si no pisa esas rayas blancas que, como balsas salvadoras, rescatan al pobre hombre de un cruel destino. De un breve salto, pasa a las baldosas grises de la otra acera y continúa en estricta línea recta, sorteando la trampa de las terribles baldosas rosáceas que le atemorizan como flechas envenenadas a ambos lados de su camino. Poco después, aterriza frente al portal e introduce la llave limpiamente en la cerradura. La gira nueve veces; a la décima, accede a la aparente seguridad de su apacible bloque de pisos. Y es que el peligro no ha terminado todavía, quedan muchas minas que sortear hasta llegar al ascensor, esas blancas serpientes que escoltan en zigzag su camino con la malicia de un asesino en serie silencioso; pisarlas sería peor que volar por los aires en una selva de humanas guerras. Llega al robusto portón metálico del elevador y pulsa su botón diez veces exactamente, y qué rápido lo hizo, que si este acudiera antes de que finalice su ritual, nada bueno podría pasarle. Una vez dentro del habitáculo, la tecla del cuarto piso se ilumina con el primer contacto, que repite hasta en nueve ocasiones para asegurarse de que el trayecto es ese que debe ser. Su pie derecho es el primero en escapar del ascensor y poner rumbo hacia la vivienda, otras nueve veces gira la llave para abrir la puerta al décimo intento, pues no querría que la tragedia se cebara con su suerte estando ya tan cerca de cumplir su vital objetivo. Una vez dentro de la casa todavía no está plenamente a salvo, aún le queda lavarse las manos con el jabón rosa, el blanco y el azul, por ese estricto orden, es cuestión de vida o muerte. Acto seguido, ya puede quitarse la mascarilla FFP2. La echa a lavar en agua tibia y se da un ligero toque final con su gel hidroalcohólico de calidad premium, el más caro y exclusivo que encontró buceando en la red.

***

Un misil termonuclear se aproxima en estos momentos hacia las coordenadas que este hombre pisa

con la tranquilidad

de haber

sorteado

con éxito

todos

los peligros

que le

atormentan

.

Un comentario en “Pelusas de pánico en el ombligo

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