La gran advertencia del autor de “El Libro de la Selva” sobre la infelicidad

Rudynard Kipling, escritor de El libro de la selva, dijo alguna vez que, tras haber viajado por el mundo entero, se había dado cuenta de que el medio más directo y eficaz para lograr que una persona fuera infeliz era comenzar a pagarle por lo que hacía:

“Yo he visto cómo los guías sherpas del Himalaya suben y bajan las montañas continuamente, día tras día. Y lo hacen con placer y con gusto. Pero cuando llega el hombre blanco europeo y les pide que lo guíen a cambio de dinero, dejan de hacerlo con gusto. La razón es que ya no lo hacen por placer, sino por dinero. Y cuando una persona empieza a hacer las cosas de su vida por dinero, es como coger un billete directo hacia la infelicidad”.

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Más Madrid, menos Podemos y un sacrificio necesario

Si algo hemos podido aprender de las recientes elecciones generales y municipales, es que ya no queda ilusión en el voto. La democracia, más que como una fiesta, se presenta hoy como una amenaza que abre las puertas a los diferentes monstruos; y en consecuencia, la movilización popular se reduce a evitar que esos monstruos lleguen a tocar poder.

Porque actualmente, más que votar a un partido, se vota precisamente para que un partido no salga. El voto es propiedad casi exclusiva del miedo; de un miedo que oscila y que cambia fácilmente de manos, mientras que las estrategias político-mediáticas reaccionan, aprenden bien las lecciones –o de las hostias- y se limitan casi únicamente al sencillo papel del copia-pega.

Paralelamente a esto, no hay que olvidar que el coste o desgaste de prometer la utopía es tremendamente alto, sobre todo frente a aquellos que ya viven su propia utopía –y que no dudarán en vendernos este fracaso como el resultado lógico de una imposibilidad de base. Porque no nos engañemos: en lo que a la derecha respecta –y descontando la colaboración inestimable de los obreros alienados-, uno se mueve precisamente para permanecer quieto.

Y los datos, como siempre, están dispuestos a corroborarlo. Leer Más


Albedrío 2.0.

Él creía tener el mundo entero girando en torno de sí,
Porque se sentía especial y genuino, el dueño absoluto de sus pensamientos.
Cada vez que alguien hablaba mal sobre alguno de los argumentos que él esgrimía como puñales,
Se lo tomaba como algo personal
Y se ofuscaba,
Y se ofendía,
Sin saber que aquellos argumentos ni siquiera eran propiamente suyos
Pues, como habitualmente ocurre en este Siglo en Red Social, las noticias, con su titular y su pensamiento aparejados, se expanden
Como cánceres
Por determinadas páginas y por sus respectivos medios
Desde donde se extienden las redes sobre los peces que nosotros somos
Atrapándonos y pescándonos,
Influyéndonos, colonizándonos.
Por lo tanto y en el fondo, él tan solo repetía
Repetía, repetía, repetía
Lo que otros tan cuidadosamente
Habían programado
Para él. Leer Más


Gracias, Capitán, por tanto Veneno

Para los que no tengan la suerte de ser o rondar por Cádiz durante el mes de febrero, Juan Carlos Aragón Becerra será una figura completamente desconocida. Licenciado en Filosofía y Letras, profesor y escritor de poesía, novela y ensayo, Juan Carlos es sobre todo conocido por ser una de las personalidades más representativas y prolíficas del Carnaval de Cádiz, siendo autor de más de cuarenta obras repartidas entre las modalidades de chirigota y comparsa. Para que entiendan un poco la dimensión de su figura, sepan que en Cádiz ser Juancarlista no significa precisamente ser borbónico ni monárquico… Sirva esto de introducción, pero vayamos por fin al grano:

El triste asunto que me lleva hasta aquí, es que el pasado viernes día 17 de mayo falleció de una manera tremendamente prematura, a punto de cumplir los cincuenta y dos años de edad, dejándonos a todos desolados y en adelante huérfanos de sus crónicas cantadas, siempre certeras y ardientes, valientes, clarividentes y puntiagudas como las flechas. Juan Carlos Aragón, también conocido bajo el seudónimo de “Capitán Veneno”, poeta y revolucionario fielmente comprometido con su época, se comía el mundo por febrero y lo deglutía con rabia, para luego cagarlo en forma de una obra de arte inigualable, inimitable, pero ante todo insustituible. De ahí lo de dejarnos huérfanos y que resulte tan difícil contener el llanto…
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Oh Capitán, mi capitán

“El último adiós”. Ya ves. Menuda frase de mierda. Y más de mierda todavía es lo que implica esa frase de mierda. Porque te niega el derecho a volver a despedirte. Y porque cuando este adiós se da, en realidad, te estás despidiendo tú solo. Aquel a quien despides ya no está ahí; ya solo queda su carcasa. Mandamos a la gente “a dios” al despedirnos porque nunca sabemos si en realidad será la última. Aunque no somos del todo conscientes de que sea así. Todo instante siempre puede ser el último, incluso este preciso momento en el que me hallo. De hecho, y dicho de manera estricta, este momento en concreto ya no volveré a vivirlo –este momento tan intrascendente que vivo: fumando un cigarrillo en frente de una pantalla, tecleando palabras que no sé si tienen sentido. Es algo habitual que nos despidamos a diario de todo; pero lo verdaderamente jodido es darte cuenta que la despedida implica a veces un verdadero punto y final.

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¿La venda ya cayó?

La vida siempre te brinda momentos en los que tienes que decidirte. Pero no hablo de decidir entre dos refrescos, ni de escoger entre varios partidos políticos, ni de optar por una prenda de vestir u otra… no; me refiero en este caso a cosas bastante más importantes. Hablo de momentos que marcan un antes y un después en tu vida. Momentos que te definen, y que dicen qué clase de persona eres –y que serás a partir de entonces para el resto de tu vida. Pues bien: hoy es uno de esos momentos para mí… Y no pienso dar ni un solo paso atrás. Sé que a muchos os sorprenderé con esta decisión, pero estoy dispuesto a asumir todas las consecuencias de mis actos. Reconozco, además, que he estado dilatando los tiempos al máximo, esperando hasta el último momento porque creía que de esta manera el asunto podía ganar en fuerza y en repercusión. Porque este asunto se merece toda la repercusión del mundo… el asunto, reitero. El asunto y no yo. Quiero decir ante todo que esta es una decisión exclusivamente personal: nadie me ha influido a la hora tomarla, y nadie, excepto mi círculo más cercano, sabe lo que estoy a punto de hacer ahora mismo. Sé que, de haberlo hecho de otra manera, habría recibido muchas presiones; pero igualmente debéis saber que no existía ni la más remota posibilidad de que hubieran podido influir sobre mi decisión. Porque mi decisión es firme, justa y razonada; o al menos, así lo es bajo mi punto de vista. La decisión está tomada, y no hay marcha atrás en ella. Decir también que agradezco mucho todo el cariño y el apoyo que he estado recibiendo durante todos estos días, pero he de decir también que mi compromiso con los derechos humanos está por encima de todo. Repito: de todo. Por encima de mis fans, y sobre todo por encima de mí. No quisiera extenderme mucho más, así que me limitaré a desvelaros el motivo de este comunicado en las siguientes líneas. Ahí va: Leer Más


Jesús por encargo

Sobre la doble puerta de cristal perfilado, brilla un enorme rótulo con letras grandes y precisas:

WE ARE THE FUTURE

La joven –delgada y morena, rostro delicado y almendrados ojos verdes, ropa raída por el ayer y zapatos rojos de papel de charol- penetra por la puerta empujándola tímidamente. Amplitud y claridad la reciben en el interior, y un mostrador en el fondo igual de iluminado, y una secretaria tras él, y la joven que se acerca entonces a aquella secretaria

-Buenas tardes, soy María. Me han citado aquí a las 6
-¡Hola, María! Te estábamos esperando. Ven, sígueme…

Un pasillo también luminoso y lleno de puertas, puertas y puertas. La secretaria abre una de ellas más o menos a la altura de la mitad

-Ahora vamos a hacerte unas fotitos para el catálogo… Pero tienes que cambiarte de ropa…. Urgentemente. Mira, ten. Puedes ponerte esto… Leer Más