“Perdónalos, dios, porque no saben lo que hacen”

Miles de cristianos muy ofendidos por mis escritos boicoteaban mi lectura pública en la Plaza de San Sebastián. La plaza estaba a reventar de oyentes y curiosos que parecían disfrutar con tal espectáculo. A pesar de eso, tuvieron que cancelarlo todo; ellos ganaban: me censuraron. Leer Más

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Que viva la España muerta

“La alianza de travestis, feminazis e inmigrantes pretende destruir España desde Cataluña”, retumba la firme vox del Caudillo Supremo. “¡Pero no les dejaremos hacerlo!”, grita y es aclamado por la multitud. “Es por ello que exigimos la liberación inmediata de los presos políticos de la manada, y junto a ellos la de los cientos de miles de hombres patriotas encarcelados injustamente por las leyes totalitarias de género”. Leer Más


Naturaleza y Voluntad, ¿separadas o solapadas?

Un día, antes de clase, me dijo:

-Cuando te haga una señal con el dedo, fulano o mengano se dará la vuelta para mirarnos, o se rascará la cabeza.

Durante la clase, cuando apenas me acordaba ya de aquello, Max me hizo una señal muy ostensible con el dedo; miré rápidamente hacia el alumno señalado y le vi en efecto hacer el gesto esperado, como movido por un resorte. Poco a poco, en medio de aquellas bromas que tanto me divertían, me di cuenta de que mi amigo, a menudo, también jugaba conmigo. A veces, yendo al colegio, presentía de pronto que me seguía y, al volverme, le encontraba efectivamente allí.

-¿Puedes conseguir, de verdad, que otro piense lo que tú quieres? -le pregunté. Leer Más


El maletín

1.

El pez gordo fumaba un gran puro habano dentro de una larga limusina negra. Su amplio torso aposentado sostenía, como las dos ramas de un viejo baobab, sus dos brazos en forma de ancla, apoyados a lo largo de un cómodo respaldo de cuero. A su lado, reposaba un gran maletín también de cuero; pero este, a diferencia de aquel respaldo de carmín, era de un profundo color oscuro. Delante, tras varios metros de largos sofás, se alojaban el chófer y el mayordomo, separados del amo por una amplia mampara opaca. Leer Más


Margarita

Se llamaba Margarita, y era tan gilipollas (es decir… tan especial), que tenía la casa entera llena de margaritas –las flores, se entiende. Hace algunos años se compró un DVD solo y exclusivamente para ver una película: Margarita se llama mi amor, se llamaba aquella película. Su pizza favorita era la margarita. Y cada vez que pisaba un bar, se pedía un margarita; si no tenían, bebía agua. Y precisamente de agua es de lo que hablaremos a continuación –o más concretamente: del agua del grifo que llega a las casas del primer mundo. Leer Más


A veces, cuando tocas fondo, aparece un sendero…

Y esa noche, pues, Hacón (el caudillo) invitó a la ciudad entera, en lugar de a una Hunderschaft (centuria), a otro diálogo de sus dientes, que había de consistir en un largo banquete en el que él y sus sacerdotes darían parcial salida a las reservas alimenticias de que había dispuesto su casta mientras todos padecíamos hambre; y ello, naturalmente, sin que se le ocurriera por un segundo temer escándalo alguno entre el pueblo, al que sabía compuesto solo de gallinas sin fuerza ni valor para oponerse al Gallo, de resignadas aunque estridentes aves de corral que solo vivían con la esperanza de sufrir en el cuello el picotazo gozoso del Amo de la Granja; y creo que fui solo yo quien sintió unas invencibles ganas de vomitar con tanto estruendo como para despertar a la ciudad, cuando uno de sus esbirros vino a comunicarme que era el invitado de honor en la fiesta. Leer Más