Las cavernas de Platón

—Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea. Dicha caverna está provista de una única puerta de entrada, la cual solamente se permite traspasar para ir al trabajo o a hacer la compra. Los prisioneros que allí residen pueden moverse libremente, siempre que lo hagan dentro de la propia caverna. Sin embargo, están atados a un pequeño artefacto por sus manos. Un artefacto capaz de reflejar las sombras que aquellos hombres deseen contemplar en cada momento.

—¡Qué extraña escena me describes! ¡Y qué extraños prisioneros son esos!

—No deberían parecerte tan extraños, Glaucón, pues esos hombres son iguales a nosotros.

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Al Ándalus distopía Palestina

Al-Ándalus: ¿Cómo te sentirías tú?

2037

Estos son los primeros años tras la caída del Imperio de las barras y estrellas, potencia hegemónica durante los dos últimos siglos. Toma ahora su relevo la República Popular China, un vasto territorio que se hizo a sí mismo a través del trabajo incansable y casi heroico de su gente. Un planeta bilingüe –idioma materno e inglés– comienza ahora a hablar con fluidez el chino mandarín tras los nuevos acuerdos alcanzados entre China y los países de la Unión Global (UGLOB –organismo sustituto de la ONU, con sede en Pekín–), con la consiguiente adopción de reformas educativas que van instaurando al mandarín como segundo idioma en la mayor parte de las escuelas de todo el globo. La influencia ejercida por una potente industria cultural con raíces en el país asiático ya inunda al mundo entero con su cine, sus series y sus músicas –y, junto a estas, como pack indivisible, también con su lengua, sus costumbres y sus cosmovisiones–.

Antes, durante las cinco décadas que preceden a esta historia, las políticas expansionistas de los Estados Unidos de América degeneraron en un panorama escalofriante de guerras, destrucción y exterminio del pueblo árabe. Siria, Libia, Afganistán, Pakistán, Irán, Iraq o Palestina fueron cayendo, un país tras otro, bajo el fuego enemigo y el polvo. Víctimas de aquel genocidio murieron asesinados más de cincuenta millones de musulmanes, mientras que la destrucción, la miseria, la contaminación y la radiación dejaban las extensas zonas que antaño abarcaban aquellos países prácticamente inhabitadas e inhabitables.

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Cartas a Tarrou

La dimensión de una amistad es tan frágil como el resultado de una PCR. Nadie quiere ser amigo de un apestado, Tarrou. ¿Recuerdas cuando entregaste tu vida en Orán? Pues hoy los vivos son amenazas, los enfermos no tienen rostro y los muertos son solo un número. Por favor, hazme un hueco en el cielo o en el infierno en donde mueren los personajes ficticios.

La realidad apesta más que nunca en estos tiempos, amigo.


¿Y tú qué sabrás, cariño mío?

-¿Y tú qué sabes de España si eres moro, cariño mío?
-No sé, señora. Elaboré una enciclopedia médica para curar a los cordobeses y el resto de peninsulares. Fui juez y trabajé por la justicia en las Cortes de Sevilla y Córdoba. También legué algunas obras filosóficas…
-Ya, pero es que eres moro.
-Entiendo… Y usted, ¿qué sabe hacer?
-¿Yo? Sé no atragantarme con mi propia saliva la mayor parte del tiempo. ¡Ah! Y también sé ser española.
-Ah. Pues tiene mérito.
-Sí.

Conversación imaginaria entre Averroes y esta señora




[Diario de un confinamiento] El profeta

¡Silencio! Que habla el profeta. Y otra vez nos dice que nadie debe entrometerse en el libre baile del sacrosanto mercado. Que si las mascarillas están caras, es solo porque así lo quiso la providencia de su mano invisible, la cual se encarga de darle a cada cual lo que efectivamente se merece. Así, el fiel que se haya esforzado lo suficiente para tener mucho dinero no tendrá problemas en comprar mascarillas para sus gatos, mientras que los vagos e infieles que no lo hicieron deberán elegir entre comprar mascarillas o comer. Que el totalitario y apóstata Estado no debe fijar un precio máximo de un euro para este producto que apenas costaba un puñado de céntimos hace cuatro o cinco meses, ya que eso generará un desabastecimiento bolivariano y una pérdida importante de beneficios para unos pastores ya desangrados por los impuestos. “¿Pero cómo van a tener los incapaces derecho a quitarle las mascarillas a los más válidos?”, proclama veladamente este honorable profeta. Que eso es antieconómico, y que las mascarillas deben permanecer en los estantes esperando a que la selección natural haga el resto del trabajo divino. Que el hombre no debe usurpar la obra de Dios y que para los pobres, ya está Cáritas. Palabra del señor (te adoramos, óyenos).


[Diario de un confinamiento] Los ojos son el espejo del alma

Un sinfín de confinados ojos aglomerados tras las ventanas se funden con los cristales y maldicen su mala suerte. Ya quisieran tener un balcón desde donde poder contemplar el retorno de la alegría de estar vivos a la ciudad, tras una cuaresma de quieto silencio y perros. Sin duda que la ocasión lo merece, hoy no hay más tele que la calle, aquella efervescencia infantil que demuestra que los niños no se han olvidado de serlo; aunque las mascarillas amordacen el recuerdo de cuando podían escupir libremente entre las rendijas. Ni ellos, ni tampoco sus padres, parecen tener consciencia de sus ojipláticos espectadores; quizás tampoco les importe demasiado haberse convertido en los protagonistas de un espectáculo extraño; porque lo que extraña es precisamente la normalidad. Una normalidad anormal. Aunque ya no se sabe de qué lado queda la anomalía, ya que los ojos no miran por disfrutar la prometida cabalgata; al contrario, se contaminan con ella, enrojecen de pura cólera. ¡Puto gobierno! Panda de rojos… Leer Más