[Diario de un confinamiento] La realidad en otra parte

Infructuoso es el intento de abrillantar una sombra a besos, cuando los labios están secos como la piel de la luna. Brillan sin embargo las sombras bajo los pies del camaleón y en la silueta de la cigüeña, la del gran torreón del abeto y la del fragor de la batalla del amor a oscuras. Humaredas de un silencio irrestricto dominan más allá de lo invisible, donde las cosas no ocurren no por ser perezosas, sino porque la naturaleza puede explayarse allí, a gusto, sin que le diga nadie. Pocas lecciones podemos darle a la esencia de la vida que se manifiesta de una manera u otra, por más cadenas que inventen. Nada pueden contra el grito del alma que anhela un momento de tranquilidad frente a si misma; y así poder mirarse a los ojos, solo eso, en silencio, sin decirse nada, ¿para qué? Las palabras involucionarán algún día hasta llegar al primer gruñido de piedra; entonces, el ruido dejará de buscar artificios para mostrarse: que no hay en el ser mayor belleza que ser. Absurdo es pedirle explicaciones a la luz que no responde, sino canta; que canta tan solo porque cantar es lo que hace, haciendo danzar a los ojos con su iluminado ritmo. Soltemos la cólera, cortemos las redes de esta telaraña opaca y densa que tanto nos asfixia el alma con tanto excremento inútil. Que no te engañen sus luces artificiales y eléctricas: dentro se esconde el pozo más ponzoñoso y oscuro. Despeja la X del expediente, que la verdad está ahí fuera. La realidad en otra parte. Por más que te la prohíban.







La posverdad salió a correr en la noche

Al profesor Avenarius le gustaba salir a correr por las noches, cuando el mundo entero se apagaba y su trabajo se lo permitía. Hacía ya mucho tiempo que la enorme circunferencia de su obligo le había hecho desistir de su propósito de recurrir al trote para “mantener la línea” (una línea que se le antojaba ya bastante improbable). Tan solo corría porque le resultaba agradable el roce de la brisa nocturna contra su piel clara; y también (aunque este motivo fuera más bien inconsciente) porque aquello lo desconectaba de su punzante soledad, de tal modo que la firme voluntad de hacerse más atractivo ante los ojos de las féminas (quienes solo le demostraban cariño previo pago) funcionó sencillamente como el “botón accionador” de un hábito, este de correr, que descubrió como placentero por sí mismo. Además, mientras que corría no recurría a su agenda de “Fisios” (así es como él apuntaba en su agenda, en clave, a las señoritas que gustaba frecuentar varias veces por semana –llevándole eso poco a poco a la ruina). Y al llegar a casa todo sudado y derrotado, su mente apenas tenía fuerzas para recordarle que esta noche, en su inmensa cama, tampoco le abrazará nadie; así que eran todo ventajas. Leer Más


Multiversos

En esta realidad soy un héroe de guerra condecorado.

En esta otra, tan solo un asesino en el exilio.

En esta sin embargo fui un cobarde, pues no quise matar a nadie.

En esta fui otra vez un héroe, pero pensionado y tullido.

En esta última me encarcelaron y me fusilaron. Tres veces:

La primera miré al cielo.

La segunda, al infinito.

La tercera quise volver a ser un cobarde de nuevo

Y vivir.

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