La posverdad salió a correr en la noche

Al profesor Avenarius le gustaba salir a correr por las noches, cuando el mundo se apagaba y su trabajo se lo permitía. Hacía mucho tiempo que la enorme circunferencia de su obligo le había hecho desistir de su propósito de recurrir al trote para mantener la línea (una línea que se le antojaba ya bastante improbable). Ahora tan solo corría porque le resultaba agradable el roce de la brisa nocturna contra su piel clara, y también (aunque este motivo fuera más bien inconsciente) porque aquello lo desconectaba de su punzante soledad, de tal modo que la firme voluntad de hacerse más atractivo ante los ojos de las féminas (quienes solo le demostraban cierto cariño previo pago) funcionó sencillamente como el “botón accionador” de un hábito, este de correr, que descubrió como placentero por sí mismo. Además, mientras que corría, no recurría a su agenda de “Fisios” (así es como él apuntaba en su agenda, en clave, a las señoritas que gustaba frecuentar varias veces por semana –llevándole eso poco a poco a la ruina). Y al llegar así a casa, todo sudado y derrotado, su mente apenas tenía fuerzas para recordarle que, esta noche y en su inmensa cama, tampoco le abrazará nadie; así que eran todo ventajas. Leer Más


Multiversos

En esta realidad soy un héroe de guerra condecorado.

En esta otra, tan solo un asesino en el exilio.

En esta sin embargo fui un cobarde, pues no quise matar a nadie.

En esta fui otra vez un héroe, pero pensionado y tullido.

En esta última me encarcelaron y me fusilaron. Tres veces:

La primera miré al cielo.

La segunda, al infinito.

La tercera quise volver a ser un cobarde de nuevo

Y vivir.

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Semilla invisible

Fue verlos pasar y sus ojos enloquecieron como los de un felino cazando en una noche. No sabe ni dónde está, no sabe muy bien lo que ha hecho; pero sí que lo ha hecho y sabe también el porqué. Y no se arrepiente de nada. Alguien que no reconoce le está preguntando algo, pero se siente demasiado desorientado como para comprender lo que dice. Como él no contesta, aquella persona desconocida comienza a reconstruir los hechos:

 

Eran las 00:12. Juan y Fernando iban caminando por la calle cogidos de la mano. Un hombre oscuro, surgido de la nada, empujó por la espalda a Juan con la fuerza de una colisión frontal de coches. Fernando aún sentía la mano caliente de Juan sobre la suya cuando emitió aquel horrible gemido de espanto. Todo ocurrió en apenas una milésima. Leer Más


Padre

Era de noche cuando el Gran Juglar Cuenta-cuentos visitaba nuestros reinos ya transformados en camas. Contaba historias encadenadas, que nunca tenían final: los pulpos eran mofetas y los superhéroes llevaban trompetas; así peleaban ellos, con su música, contra el mal. Lo que es a nosotros, llevábamos la risa puesta: el Gran Juglar Cuenta-cuentos arrancaba las carcajadas como un jornalero en el campo de la alegría. Leer Más