La prohibición preventiva del cuchillo

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Yo tengo un cuchillo en casa. Alguien dice que le he herido con ese cuchillo, y me ha puesto una denuncia. Pero cuando el juez le pide que muestre la herida que le he dejado, esa persona dice que no puede enseñársela. Argumenta que la herida la tiene por dentro; y el juez, siendo así el asunto, deberá imaginársela.
Acto seguido, el juez determina que el cuchillo puede herir, y por lo tanto se me condena a un año y medio de cárcel.
Yo no conozco a la persona que me ha denunciado. De hecho, juraría que nunca jamás utilicé mi cuchillo más allá de la libertad que me otorga mi cocina. Ni siquiera recuerdo si en algún momento de mi vida he querido sacarlo de allí…
Pero eso no le importa nada al juez. El juez me ha hecho sentir que soy un auténtico delincuente. Un ser despreciable, un lunático, un monstruo. Por tener un cuchillo en casa. Leer Más

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Euthanäsia

Abro los ojos y necesito de tu abrazo para comenzar el día, pero solo tengo tabaco en la habitación: me abrazaré con su pestilente humo. Toso y apunto estoy de vomitar. Me viene a la mente un recuerdo olvidado durante las horas de narcosis: es mi vida. Derrumbada, tal y como está: podrida y muerta por dentro, por culpa de los pequeños detalles. Qué absurdo es todo en la vida. Leer Más