El DESHEREDADO II (1/3)

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Capítulo 2

I.

De todos es sabido que los inviernos son mucho más duros para los que dormimos a ras de cielo. Cada año, muchos de los nuestros no superan la congelación de los días más fríos, y por lo general no es hasta varios días después que la muerte es advertida (u olida) por un agente o por un ciudadano cualquiera de a pie. Hasta entonces, el cadáver es velado por las palomas y por los insectos, mientras los gusanos esperan ansiosos su turno y banquete. Aunque si de lutos habláramos, la cosa no iba a ser muy diferente poco después: una vez recogido el inerte cuerpo -siempre una carga, siempre entre regañadientes-, sin una familia que reclame o sin manera alguna de poder contactarla, el vagabundo es velado finalmente por el fuego eterno. Sin embargo, los males padecidos por la falta de techo se interrumpieron de manera abrupta a principios de este año, cuando al fin entró en vigor una iniciativa totalmente revolucionaria que, no sin resistencias, logró llevar adelante el ayuntamiento de mi ciudad, con un carácter de urgencia que, como puedes ver, no era para menos. Leer Más