La economía miente

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Datos de UNICEF de 2011 (primer artículo) y 2014 (segundo artículo)

“El concepto de los derechos humanos parte de un sesgo heredado de los tiempos de la guerra fría. Según éste, por derechos humanos se entienden básicamente los asuntos relacionados con las libertades públicas a las que se daba prioridad en los países occidentales: libertad de expresión, de reunión, de manifestación etc. Sin embargo, la ausencia de derecho a la vivienda, a la alimentación, a la educación o sanidad, que eran prioridades del modelo de economía socialista, no son objeto de denuncia desde la interpretación occidental. Así, si los dirigentes de un país no permiten la publicación de un artículo de una determinada idea política se considera delito, pero si existen millones de analfabetos que no pueden leerlo no hay delito.

Por supuesto, el sesgo anteriormente descrito también afecta a la economía. Pocas personas sabrán que para el cálculo de esa cifra mágica que tanto reverencian economistas y gobiernos que es el Producto Interior Bruto (PIB) se considera positivo, por ejemplo, un incendio forestal, porque permitirá recoger alguna madera y se gastarán recursos en los trabajos de extinción y luego reforestación. O una epidemia sanitaria, porque aumentará la producción de medicamentos y gastos sanitarios. Estos dos casos ayudarán a aumentar el PIB de un país. En cambio, destinar recursos humanos a un programa de alfabetización o de educación sanitaria apenas mejorará la dichosa cifra macroeconómica.” Leer Más

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El dios de Jose Luis Sampedro

Me pongo en pie de un salto, doy un tirón a la cuerda que cuelga horizontal todo a lo largo del coche y hago sonar la campana de parada. Pero no aguardo: salgo a la plataforma y me dejo caer en un salto perfecto –estoy en forma–, mientras el tranvía dobla la esquina despidiéndose con su “tin–tin” cascabelero. Me encuentro en mi plazuela del Reloj; no porque hubiese alguno a la vista sino porque existió uno de sol en la fachada del convento de agustinas recoletas, derribado durante la Primera República. Me siento en un banco sintiéndome como en la cima de mí mismo, en una esfera cristalina, purísima, de una absoluta y deslumbrante blancura. Me contemplo asombrado: ¿Es posible sentirse así, Dios mío?

—¿Por qué no va a ser posible?

Una voz educada, neutra y a la vez penetrante. Me vuelvo hacia el personaje que, sin yo advertirlo, se ha sentado junto a mí. Aspecto de señor bondadoso, pero no blando, actitud de haber vivido y estar de vuelta, aire reposado pero ojos sabios y muy vivos. Su traje más bien convencional, con corbata muy discreta, de quien no se cuida de eso y se limita a no llamar la atención.

—¿Decía usted?

—He contestado a tu pregunta. No tiene nada de imposible que un hombre consiga elevarse a lo más alto de sí mismo, aunque reconozco que muy pocos lo intentan y la gran masa ni sospecha poseer esa cima.

—Pero ¿usted…?

—No. He venido porque me has llamado.

—¿Yo?

—Has dicho “dios mío”… Yo soy ese dios y aquí estoy.

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Dirigirnos hacia donde queremos, por Jose Luís Sampedro

“Mirad: vosotros, con vuestros modelos económicos reconocidos en Pincetone, en Hardward y en Oxford, sois como gente que va en un tren espléndido, dotado de las mejores cosas (con televisión, con bar, con aire acondicionado…). Un tren que va a 200 kilómetros por hora hacia el norte como una flecha. Y en un momento dado, vuestro tren se detiene en un paso-nivel, y allí os encontráis conmigo, que voy andando por el camino que cruza la vía con un burro y cuatro herramientas rudimentarias, porque esa teoría económica que deseo no la tengo, y voy con lo poco que tengo a ver qué encuentro por ahí.  Leer Más