A veces, cuando tocas fondo, aparece un sendero…

Y esa noche, pues, Hacón (el caudillo) invitó a la ciudad entera, en lugar de a una Hunderschaft (centuria), a otro diálogo de sus dientes, que había de consistir en un largo banquete en el que él y sus sacerdotes darían parcial salida a las reservas alimenticias de que había dispuesto su casta mientras todos padecíamos hambre; y ello, naturalmente, sin que se le ocurriera por un segundo temer escándalo alguno entre el pueblo, al que sabía compuesto solo de gallinas sin fuerza ni valor para oponerse al Gallo, de resignadas aunque estridentes aves de corral que solo vivían con la esperanza de sufrir en el cuello el picotazo gozoso del Amo de la Granja; y creo que fui solo yo quien sintió unas invencibles ganas de vomitar con tanto estruendo como para despertar a la ciudad, cuando uno de sus esbirros vino a comunicarme que era el invitado de honor en la fiesta. Leer Más

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