“Perdónalos, dios, porque no saben lo que hacen”

Miles de cristianos muy ofendidos por mis escritos boicoteaban mi lectura pública en la Plaza de San Sebastián. La plaza estaba a reventar de oyentes y curiosos que parecían disfrutar con tal espectáculo. A pesar de eso, tuvieron que cancelarlo todo; ellos ganaban: me censuraron. Leer Más

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El maletín

1.

El pez gordo fumaba un gran puro habano dentro de una larga limusina negra. Su amplio torso aposentado sostenía, como las dos ramas de un viejo baobab, sus dos brazos en forma de ancla, apoyados a lo largo de un cómodo respaldo de cuero. A su lado, reposaba un gran maletín también de cuero; pero este, a diferencia de aquel respaldo de carmín, era de un profundo color oscuro. Delante, tras varios metros de largos sofás, se alojaban el chófer y el mayordomo, separados del amo por una amplia mampara opaca. Leer Más


Margarita

Se llamaba Margarita, y era tan gilipollas (es decir… tan especial), que tenía la casa entera llena de margaritas –las flores, se entiende. Hace algunos años se compró un DVD solo y exclusivamente para ver una película: Margarita se llama mi amor, se llamaba aquella película. Su pizza favorita era la margarita. Y cada vez que pisaba un bar, se pedía un margarita; si no tenían, bebía agua. Y precisamente de agua es de lo que hablaremos a continuación –o más concretamente: del agua del grifo que llega a las casas del primer mundo. Leer Más




In dependence day

Cuatro de julio del dos mil y algo, en un lugar del Estado español de cuyo nombreMECAGOENCERVANTES:

-¿Te imaginas que Hitler hubiese ganado la guerra? Hoy tendríamos esvásticas por todos los ayuntamientos –dice Izan [españolización del nombre propio “Ethan”, de origen anglo-sajón] justo antes de meter un buen bocado a su apetitosa y humeante hamburguesa con queso. Leer Más