El día que el japonés me declaró la guerra

-¡Qué! ¿Habréis disfrutado, no?

Me dijo el japonés, pero yo continué mi camino y apenas le otorgué una mirada triste de propina

-Espero que al menos te hayas puesto condón
-Habría que estar muy desequilibrado para pensar en follar cuando tienes a una amiga llorándote y temblando por culpa de un hijo de puta como tú Leer Más

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Andreíta regresará de Tokyo

Prometías llegar desde Tokyo y no llegabas nunca, y si llegabas te ibas repentinamente, dejando media cerveza caliente y nuestros ojos como platos blanquecinos, sin poder dar crédito de nada. Siempre parecías apagada, silenciosa, como en otra parte. Mirabas a tu móvil y empalidecías, y luego te marchabas sin decir por qué ni dónde. “Menuda falta de respeto, ¿pero qué somos ahora para ti?” –pensábamos sin decírtelo nunca, con nuestro ego fatalmente malherido. Nosotros te culpábamos por ese abandono, por tus contadas presencias ausentes, por tu repentino cambio; te culpábamos porque no lo comprendíamos, y fueron varias las veces que te mandamos directamente a la mierda, pensando que te lo merecías o que eso te haría reaccionar…
Como si tú tuvieras la culpa. Pero qué tonto, qué estúpido fui…
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