Juego de Patrias: capítulo enésimo (y los que nos quedan…)

Domingo 10 de febrero. 200.000 personas –contando por lo bajo, claro- acuden al llamamiento de Partido Popular, Ciudadanos y Vox. Y UPyD. Y Falange. Y España 2000. Y Hogar Social de Madrid. La concentración ha conseguido abarrotar la madrileña Plaza de Colón de españoles “de bien” tan cabreadísimos como preocupadísimos ¿El patriótico fin de la misma? Protestar frente a la alta traición de Pedro Sánchez, quien ha tenido la antipatriótica desfachatez de ceder ante el chantaje de los separatistas –al nombrar un relator. Tres días después, estos mismos separatistas, a pesar de haber conseguido su propósito –y, por lo tanto, casi (casi) romper España- tumban los presupuestos de Unidos Podemos y Pedro Sánchez. Como si ya no quisieran la independencia tan anhelada –que, relator mediante, estaban a punto de conseguir…

¿Qué ha pasado? Parece ser que la lógica más simple acaba de irse al carajo aquí. Pero yo, que soy muy inteligente –por descontado…-, sé perfectamente lo que ha ocurrido. Y visto y comprobado que no me hacéis –ni haréis- ni puto caso, me he decidido por cambiar un poco el registro habitual.

Así que os contaré un cuento. Se titula: “¡Que viva mi trapo!”, o “Cuando la derecha está en la oposición”. Y dice así:

 

Érase una vez un líder político joven, apuesto, carismático, católico, conservador, pero ante todo patriota, muy, muy patriota. Su nombre era Pablo El Patriota, y estaba tremendamente afectado por la difícil situación que atravesaba su país. Pero no porque los jóvenes de su país se emanciparan junto a gente desconocida porque no podían afrontar los altos precios de los alquileres; tampoco porque los ancianos de su país, tras toda una vida cotizando, vieran peligrar su derecho a una pensión digna; aún menos porque las mujeres de su país regresaran a casa temblando en la noche, como quien debe atravesar un bosque lleno de fieras; ni siquiera porque su propio partido hubiera esquilmado millones de euros del erario público, estrangulando a su vez dos servicios públicos tan esenciales para el país como son la sanidad y la educación: Él estaba terriblemente afectado debido a la difícil situación que atravesaba un trapo. Pues ese trapo era su país. Bueno: el trapo, y también un himno. Todos en aquel país –los jóvenes mileuristas, y los ancianos pensionistas, y las mujeres aterrorizadas, y los enfermos en lista de espera, y los niños apretujados en aulas y sin calefacción- debían adorar a aquel trapo y aquel himno; de lo contrario, claro está, siendo el país ese trapo, serían enemigos de la patria –o lo que es lo mismo, seres antipatriotas, vomitivos y despreciables. Porque todo el mundo sabe que la patria es lo más importante que tiene la gente de cualquier país –es decir: lo más importante es un trapo ¿Qué? ¿No lo sabías? Pues ahora que ya lo sabes, no te conviene olvidarlo.

Chán chán namber uan

Ocurre que en el noreste de aquel país, había mucha, mucha gente que no adoraba ni ese trapo ni ese himno, sino que adoraba otro trapo y otro himno distintos. Y aunque también allí tenían políticos muy preocupados por la situación de su “propio” país –es decir, por la situación de su “propio” trapo-, a diferencia de Pablo El Patriota y de todos los que eran tan patriotas como Pablo –que tenían todo el derecho del mundo a adorar a su trapo cuándo y cómo les viniera en gana-, muchos de estos políticos del noreste del país habían acabado en la cárcel o en el exilio por pretender adorar a un trapo distinto. ¡A quién se le ocurre ser enemigo de la patria –es decir, enemigo del Trapo Único! Ellos solitos se lo buscaron.

El problema es que ni la cárcel ni el exilio habían surtido el ansiado efecto sobre aquellos políticos tan tozudos, pues ni la amenaza de la persecución judicial, ni la amenaza de la persecución mediática, ni siquiera la amenaza de las hostias policiales había conseguido que en aquella región del noreste del país se dejara de adorar a un trapo distinto; y precisamente esto era lo que tenía tan terriblemente afligido a Pablo El Patriota (y como a él, a Albert el Patriota Guay, y a Santi El Ultrapatriota, y a los millones y millones de patriotas anónimos que se distribuían uniformemente a lo largo y ancho de todo el país).

Pablo apenas podía pegar ojo por las noches; y si dormía, tenía pesadillas con trapos quemados. A veces soñaba incluso con que un cómico antipatriota se sonaba los mocos en el trapo de la patria, que era como sonarse los mocos con el país entero, y entonces Pablo se despertaba y elevaba el torso de un brinco, sudando, notando que dos lagrimones bañaban sus sonrosadas mejillas, y aún aturdido, sin saber si aquel imperdonable gesto había tenido lugar de verdad, encendía la luz para comprobar que su querido trapito seguía colgando intacto del cabecero de su cama.

Chán chán namber chú

Ocurre también que Pedro I El Golpista había desplazado desde hace tiempo al partido de Pablo El Patriota del Gobierno legítimo de su país. Este hecho había tenido lugar mediante un sucio golpe de Estado –tal y como indica el propio apodo de Pedro I-, y con el propósito claro de destruir a la patria; es decir, al trapo, a ese bello trapo. Fíjense si sería antipatriota este Pedro que, en lugar de hablar todo el santo día de lo bonito que es este querido trapo, es decir, de lo bonita que es la amada patria, había cedido a la presión de la peligrosa Banda de los Comebebés Morados –otros antipatriotas de cuidado-, llegando incluso a pactar la mayor subida del salario mínimo de toda la historia del país –si te fijas, nada de patria-, el incremento de las pensiones conforme al precio de la vida –nada, ni un poquito de patria-, el aumento del presupuesto para las personas dependientes –como si la patria no existiera, oye-, el establecimiento de un límite para los precios del alquiler –¿y la patria pa’ cuando?-, e incluso la reversión de los recortes en sanidad y educación. Todo ello había quedado grabado en un pergamino que, no obstante, y afortunadamente, para aplicarse debía obtener la aprobación de la mayoría de los señores que se sientan en un sitio a discutir sobre las cosas de la patria, es decir, sobre trapos. Y puesto que Pedro I El Golpista y la Banda de los Comebebés Morados no alcanzaban juntos ni la mitad de los asientos en aquel sitio donde se sientan los señores a discutir cosas de trapos, es decir, de la patria, y tratándose como se trataba de una serie de medidas que no hablaban en absoluto de lo bonita que era la patria, es decir, de lo bonito que es el trapo, Pablo El Patriota y Albert El Patriota Guay –también conocidos como la Coalición Patriótica-, que eran los líderes de los otros dos grandes grupos que se sientan en aquel sitio donde se habla de patrias, o sea, de trapos, decidieron tumbar aquel pergamino, ya que no era en absoluto patriota, puesto que no hablaba para nada de la majestuosidad y de la belleza del trapo que nos representa a todos, lo queramos o no.

Ahora, ahora, dale al pley, dale al pley…

Como Pedro I y los Comebebés Morados no tenían la mayoría de los asientos pero la Coalición Patriótica tampoco, el Gobierno antipatriota y golpista, comprobada ya la negativa de Albert y Pablo, no tenía más opción para aprobar su pergamino antipatriota que la de hablar con –tratar de convencer a- aquellos otros grupos minoritarios de gente sentada en aquel sitio donde se habla todo el rato de patrias, es decir, de trapos –lugar que de aquí en adelante, y por abreviar más que nada, llamaremos el Congreso de Trapo. El problema es que la gran mayoría de las personas que conformaban aquellos pequeños grupúsculos eran apóstatas antipatriotas, o adoradores de satán otros trapos, si lo prefieren. Y eso preocupaba y mucho a Pablo El Patriota y al otro, a su variante moderna, Albert El Patriota Guay, pues sabían perfectamente que, cuando los antipatriotas que desprecian el trapo, es decir, la patria, hablan con los antipatriotas que adoran a otras patrias, es decir, a otros trapos, de ahí no puede salir nada bueno para el país, es decir, para el trapo en general, el genuino y auténtico trapo. Y eso lo sabe hasta un niño de primaria –excepto si este niño fue adoctrinado antes por las escuelas de la región noreste, claro.

La situación, visto lo visto, era verdaderamente grave; así que Pablo y su lacayo moderno, que querían estar a la altura de los tiempos y de la patria que defienden y representan, o sea, estar a la altura de un trapo, comenzaron a profetizar y a denunciar los graves acontecimientos que comenzarían a sucederse desde entonces en su bella y amada patria, para que los millones y millones de patriotas distribuidos homogéneamente a lo largo y ancho de todo el país fueran plenamente conscientes de la alta traición a la patria que tan terriblemente se cernía sobre todos ellos, como una gran nube de lluvia ácida.

Estas fueron algunas de las predicciones de Pablo El Patriota, quien desde aquel entonces comenzó a ser conocido también como Pablo El Profeta:

 

“[Pedro Sánchez] es partícipe y responsable de un golpe de estado que se está perpetrando en España”
Pablo El Profeta, versículo 4

“¿Qué es esto de un presidente que se reúna de tú a tú con una autonomía presidida por delincuentes?”
Pablo El Profeta, versículo 26

“España no se merece un Gobierno que mienta y Sánchez es un mentiroso compulsivo. Por tanto, como es un mentiroso y un incompetente, que convoque elecciones”.
Pablo El Profeta, ventrículo 61

“¿Cómo pretende [Pedro Sánchez] dar lecciones y pedir moderación cuando está aliado con batasunos, independentistas y extrema izquierda?”
Pablo El Profeta, aurícula 14

“La agenda que vemos en Cataluña es la agenda de ETA”
Pablo El Profeta, gilipollez definitiva 3,14

 

La realidad le dio la razón a Pablo El Profeta poco después, cuando el representante de los Comebebés Morados marchó a la cárcel para negociar con los adoradores de satán otras patrias, quienes permanecían en prisión indefinida precisamente por alentar a otros muchos a hacerlo ¡Tantas ganas tenían de aprobar su pergamino antipatriota que eran capaces hasta de despedazar y vender a la patria –es decir, al trapo; de hacerlo trizas y venderlo a tiras…! Pero algo peor se estaba gestando todavía en la antipatriótica agenda de Pedro I El Golpista, y no tardaría mucho en salir a la luz e irrumpir en la portada de todos los periódicos patrios: hablamos del nombramiento de un relator, es decir, de un asesino despiadado de patrias, de un violador en serie de trapos, de un ser sin escrúpulos y completamente comprometido con la destrucción del país y del mundo en general.

El nivel de alarma, como es lógico, alcanzó entonces su punto más alto. Había llegado el momento de sacar a las masas a la calle…

*  *  *

 

Y hasta aquí ha llegado el cuento que nos han querido contar. No obstante, ahora yo os contaré la realidad:

La campaña de denuncia del triunvirato muy español y mucho español, especialmente encarnado en el cuerpo de Pablo Casado (el Patriota, el Profeta en el cuento), se ha fundamentado en torno a tres ataques o argumentos: las negociaciones para aprobar los presupuestos por “hablar con los que quieren romper España”, la figura del relator –como si fuera el mismísimo belcebú- y la comparación del independentismo catalán con ETA.

Pero analicémoslo todo pormenorizadamente:

Lo de pactar con los que quieren romper España

Viajemos por un momento a 1996. Las elecciones celebradas en marzo de ese mismo año dieron la victoria por vez primera al Partido Popular de Aznar por un estrecho margen de votos (obtuvieron 156 diputados por los 141 del PSOE de un Felipe González de capa caída). La victoria, no obstante, era insuficiente para formar gobierno (al estar la mayoría fijada en 176 diputados); por tanto, Aznar debía buscar el apoyo de otros partidos minoritarios si lo que pretendía era alzarse en la presidencia del país. Un apoyo que logró gracias al pacto de investidura alcanzado con la CiU de Jordi Pujol (16 escaños) y el Partido Nacionalista Vasco (5). Es decir: gracias al apoyo de “los que querían romper España” –por utilizar los mismos términos que el propio PP ha utilizado permanentemente para referirse a las negociaciones efectuadas por el ejecutivo socialista.

(Fuentes: La información, El País, Wikipedia)

Lo del relator

Que Pablo Casado, líder del PP, alzara la voz de alarma y pidiera al pueblo echarse a la calle por la designación de un relator por parte de Pedro Sánchez, es tan curioso y paradójico como el caso anterior. Y es que su propio partido ya recurrió a tres mediadores con la Generalitat durante su última etapa en el gobierno:

— 2013: Arriola medió con Mas.
— 2017: Urkullu medió con Puigdemont.
— 2017: La Iglesia medió antes del 155.

(Fuentes: El Español)

Lo de ETA

Este es mi ataque favorito. Y es que comparar la agenda de Cataluña con la de ETA es como decir que 2606 atentados y 854 asesinatos son lo mismo que presentarse a unas elecciones, lograr la victoria e intentar cumplir el programa electoral prometido. Como vemos, las agendas son calcadas… Dos gotas de agua… Casi indistinguibles.

Pero además, y tal y como ocurre con las dos argumentaciones anteriores, el Partido Popular ha vuelto a cometer un nuevo ejercicio de lacerante hipocresía política. Recordemos estas declaraciones de 1998… ¿Diría Pablo Casado de Aznar lo mismo que dice respecto al PSOE o Unidos Podemos?

Hoy consideran alta traición lo que, cuando estaban en el poder, consideraban alta política (…) [El PP se muestra] rigorista en la oposición, haciendo que sea un escándalo todo aquello que ellos mismos hicieron. Agitar para volver al poder a toda costa. Sienten que el poder es suyo, como si Franco siguiera vivo, y no dudarán en utilizar cualquier mentira para recuperarlo

Esto decía Javier Ruíz antes de que la cadena presidida por Basile decidiera acabar con el informativo que él mismo dirigía. Se puede decir más alto, pero no más claro.

*  *  *

 

El miércoles 13 de febrero, solo tres días después de la manifestación convocada por las derechas españolas, PP, Ciudadanos, ERC y PDeCAT rechazaban las cuentas del ejecutivo socialista, abocando así al país a unas nuevas elecciones. Recordemos que dichas cuentas beneficiaban a la mayoría social de este país. Para esto, nacionalistas catalanes y nacionalistas españoles no tienen problemas en votar juntos. Curioso, ¿verdad? Parece como si la nación fuera para ellos algo abstracto, algo sin relación alguna con el bienestar –real, tangible y objetivo- de sus respectivos pueblos…

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La situación ahora es la siguiente: a la vuelta de la esquina asoman unas nuevas elecciones generales en las que esta derecha tricéfala, de eslogan facilón y de profundo odio al débil y al distinto, se presenta como la gran favorita (o al menos favorita según dictan las encuestas). Y aunque el voto en contra a los presupuestos ya se esperaba por parte de la derecha española, no ocurría así por parte del PDeCat, pero sobre todo no por parte de ERC. ¿Una torpeza imperdonable de los independentistas, que ponen en bandeja de plata el poder a quienes se muestran más intransigentes con sus demandas? ¿O quizás solo estamos ante el siguiente paso de un plan mayor cuyo objetivo es tenernos más distraídos, más enfrentados, más enfadados, más divididos…
más controlados que nunca?

 

Divide et Impera

 

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