Puedo escribir los versos más [escribe tu palabra aquí] esta noche

Me puse condón de esparto y la metí en una madriguera
Sin saber qué especie o raza me esperaría allí dentro.
La empuñadura de un sueño,
La espada del arrepentimiento,
La sangre de mi garganta brota en un harakiri en verso.
Inverso, el universo calla,
Mengua, encaja en un cajón de yeso
Y mierda. Dame un beso en la espalda pa’ que nunca pueda ver tu cuerpo
Y dime adiós, al fin adiós,
Que sin saberlo, hace ya tiempo

me ando despidiendo de esto…


God f*** the poors

Hace un mes murió Paco, el del segundo izquierda.


Paco, piel de cera, ojos claros, constitución de faquir, campechano y afable.

Como no es un rey ni inglés, me enteré ayer de su fallecimiento;


La tele nada me dijo, sus reporteros no acuden a los pisos de los pobres.

Se ve que prefieren palacios.


A tenor de su bondad, ¿salvará Dios a Paco, o es que tampoco está al tanto de su visita a sus altos dominios?

¿Cuánto dinero se necesita para sobornar al sereno San Pedro?


Espero que no te dejaras aquí tus ahorros, esos que tantos madrugones te costaron;


Puede que te ofrezcan alguna opción de coincidir con papas, reyes y banqueros
en ese paraíso que se inventaron
para sí mismos


El humano bucle

La derrota genera cansancio,
el cansancio, cobardía,
la cobardía te hace mirar al pasado
y el pasado, disfrazado,
te mira
a los ojos

y no lo quieres
ni ver,

porque en el fondo,
en cuanto obtienes una victoria,
todo adquiere su sentido…

Entonces, el pasado se convierte en un estorbo,
el presente se transforma en un Dios,
y tú
en un acérrimo súbdito de la religión
de tu deseo
cumplido
al fin
como un milagro imposible,

como una mentira piadosa
que pronto, muy pronto,
te regresará al bucle.



Crucifixión

Puse clavos en mis manos y me colgué en las alturas para observar mejor mi propia destrucción.

Ahora puedo ver mi sangre recorrer cruz abajo el camino que lleva hacia el suelo que me abandona

y pintar con ella suavemente mi dolor en el mundo.

Ya a lo lejos, allí donde mi vista se pierde para siempre, descubro a mi antigua alegría retozando con el horizonte,

danzando como un orgasmo,

poniéndome los cuernos,

haciendo sus propios planes.

Sé que debo desintegrarme para poder resucitar
y, quizás,
con un poco de suerte,
volveré a la vida cabalgando
a lomos
de una próxima luna de agosto.