“Perdónalos, dios, porque no saben lo que hacen”

Miles de cristianos muy ofendidos por mis escritos boicoteaban mi lectura pública en la Plaza de San Sebastián. La plaza estaba a reventar de oyentes y curiosos que parecían disfrutar con tal espectáculo. A pesar de eso, tuvieron que cancelarlo todo; ellos ganaban: me censuraron. Leer Más

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La parábola del pescador mexicano

En un pueblo de la costa mexicana, un paisano se encuentra medio adormilado junto al mar. Un turista norteamericano se le acerca, entablan conversación y en un momento determinado el forastero pregunta:

-Y usted, ¿en qué trabaja? ¿A qué se dedica?

-Soy pescador -responde el mexicano.

-Caramba, un trabajo muy duro. -replica el turista, quien agrega- Supongo que trabajará usted muchas horas cada día, ¿verdad?

-Bastantes, sí -responde su interlocutor.

-¿Cuántas horas trabaja como media cada jornada?

-Bueno, yo le dedico a la pesca un par de horitas o tres cada día -replica el interpelado.

-¿Dos horas? ¿Y qué hace usted con el resto de su tiempo?

-Bien. Me levanto tarde, pesco un par de horas, juego un rato con mis hijos, duermo la siesta con mi mujer y, al atardecer, salgo con los amigos a beber unas cervezas y a tocar la guitarra.

-¿Pero cómo es usted así? -reacciona airado el turista norteamericano. Leer Más



El maletín

1.

El pez gordo estaba fumándose un gran puro habano dentro de la larga limusina negra. Su amplio torso aposentado sostenía como un tronco sus dos brazos en ancla, apoyados longitudinalmente en un aparentemente cómodo respaldo de cuero rojo. A su lado reposaba un maletín cuadrado y también de cuero, pero este, a diferencia del respaldo, era de un profundo color oscuro. Delante de él, tras varios metros de sofás, se alojaban el chófer y el mayordomo, separados del amo por una mampara opaca. Leer Más