El dios de Jose Luis Sampedro

Me pongo en pie de un salto, doy un tirón a la cuerda que cuelga horizontal todo a lo largo del coche y hago sonar la campana de parada. Pero no aguardo: salgo a la plataforma y me dejo caer en un salto perfecto –estoy en forma–, mientras el tranvía dobla la esquina despidiéndose con su “tin–tin” cascabelero. Me encuentro en mi plazuela del Reloj; no porque hubiese alguno a la vista sino porque existió uno de sol en la fachada del convento de agustinas recoletas, derribado durante la Primera República. Me siento en un banco sintiéndome como en la cima de mí mismo, en una esfera cristalina, purísima, de una absoluta y deslumbrante blancura. Me contemplo asombrado: ¿Es posible sentirse así, Dios mío?

—¿Por qué no va a ser posible?

Una voz educada, neutra y a la vez penetrante. Me vuelvo hacia el personaje que, sin yo advertirlo, se ha sentado junto a mí. Aspecto de señor bondadoso, pero no blando, actitud de haber vivido y estar de vuelta, aire reposado pero ojos sabios y muy vivos. Su traje más bien convencional, con corbata muy discreta, de quien no se cuida de eso y se limita a no llamar la atención.

—¿Decía usted?

—He contestado a tu pregunta. No tiene nada de imposible que un hombre consiga elevarse a lo más alto de sí mismo, aunque reconozco que muy pocos lo intentan y la gran masa ni sospecha poseer esa cima.

—Pero ¿usted…?

—No. He venido porque me has llamado.

—¿Yo?

—Has dicho “dios mío”… Yo soy ese dios y aquí estoy.

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La caricatura del mundo de Charles Bukowski

siéntese, Stirkoff.
gracias, señor.
estire las piernas.
muy amable de su parte, señor.
Stirkoff, tengo entendido que ha estado usted escribiendo artículos sobre justicia, igualdad; también sobre el derecho al gozo y a la supervivencia. ¿Stirkoff?
¿sí, señor?
¿cree usted que habrá algún día una justicia total y razonable en el mundo?
en realidad no, señor.
¿por qué escribe entonces esa mierda? ¿es que no se siente bien?
he estado sintiéndome raro últimamente, señor, casi como si estuviese volviéndome loco.
¿bebe usted mucho, Stirkoff?
por supuesto, señor.
¿y se la menea?
constantemente, señor.
¿cómo?
no entiendo, señor.
quiero decir, ¿cómo se lo monta?
cuatro o cinco huevos crudos y una libra de carne picada en un florero de cuello estrecho, oyendo a Vaughn Williams o a Darius Milhaud.
¿de cristal?
¿cómo dice, señor?
me refiero al florero, ¿es de cristal?
claro que no, señor.
¿ha estado usted casado alguna vez?
varias veces, señor.
¿qué fue mal?
todo, señor.
¿cuál fue la mejor tía que se tiró?
cuatro o cinco huevos crudos y una libra de carne picada en un…
está bien, está bien.
sí, lo está. Leer Más


La náusea

Era una vez un pobre tipo que se había equivocado de mundo. Existía, como la otra gente, en el mundo de los jardines públicos, de los cafés, de las ciudades comerciales, y quería persuadirse de que vivía en otra parte, detrás de las telas de los cuadros, con los dogos del Tintoreto, con los graves florentinos de Gozzoli, detrás de las páginas de los libros, con Fabricio del Dongo y Julián Sorel, detrás de los discos de fonógrafo, con las largas quejas secas del jazz. Y después de haber hecho bastante el imbécil, comprendió, abrió los ojos, vio que había sido un error; estaba en una taberna, precisamente junto a un vaso de cerveza tibia. Permaneció abrumado en el asiento; pensó: soy un imbécil. Y en ese preciso momento, del otro lado de la existencia, en aquel otro mundo que puede verse de lejos, pero sin alcanzarlo nunca, una pequeña melodía se puso a danzar, a cantar: “Hay que ser como yo; hay que padecer con ritmo”.
La voz canta:

Some of these days
You’ll miss me honey

 

La Náusea, J-P Sartre




¿A qué tiene derecho la Naturaleza? por Eduardo Galeano

La realidad pinta naturalezas muertas. Las catástrofes se llaman naturales, como si la naturaleza fuera el verdugo y no la víctima, mientras el clima se vuelve loco de remate y nosotros también. Hoy, día 5 de Junio, es el Día del Medio Ambiente. Un buen día para celebrar la nueva Constitución de Ecuador, que en el año 2008, por primera vez en la historia del mundo, reconoció a la naturaleza como sujeto de derecho.

Suena raro esto de que la naturaleza tenga derechos, como si fuera persona. En cambio, suena de lo más normal que las grandes empresas de los Estados Unidos tengan derechos humanos. Y los tienen, por decisión de la Suprema Corte de Justicia, desde 1886.

Si la naturaleza fuera banco, ya la habrían salvado.

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Los hijos de los días. Eduardo Galeano

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Dirigirnos hacia donde queremos, por Jose Luís Sampedro

“Mirad: vosotros, con vuestros modelos económicos reconocidos en Pincetone, en Hardward y en Oxford, sois como gente que va en un tren espléndido, dotado de las mejores cosas (con televisión, con bar, con aire acondicionado…). Un tren que va a 200 kilómetros por hora hacia el norte como una flecha. Y en un momento dado, vuestro tren se detiene en un paso-nivel, y allí os encontráis conmigo, que voy andando por el camino que cruza la vía con un burro y cuatro herramientas rudimentarias, porque esa teoría económica que deseo no la tengo, y voy con lo poco que tengo a ver qué encuentro por ahí.  Leer Más