Salir a andar

Ahora la gente está saliendo a andar. Y eso me plantea dos estimulantes razonamientos:

1. El cómo se ha transformado de repente en “deportiva” una actividad que hasta hace nada era de ocio (caminar) o tenía alguna finalidad concreta (ir de aquí p’allá).

2. El cómo ha sido posible esto sin la necesidad de atribuirle un término “cool”. Porque correr es de cobardes, pero hacer running es cool. Y ahora andar parece ser cool sin la necesidad de llamarse “walking

Dead.

Un deporte elevado a la mínima potencia.

Denles tiempo a los del Huffington. Ya puedo ver el titular…

“El walking: la nueva moda viejoven que triunfa entre los millenials

Excelso.


Planean la creación de un universo paralelo virtual: ¿Paraíso o infierno?

¿Viste Avatar de James Cameron? Recordarás entonces ese planeta alucinante llamado Pandora y a sus habitantes larguiruchos, unos humanoides azules estrechamente vinculados con la madre naturaleza: los na’vi.

Mucho más altos y poderosos que nosotros (y quizás también más guapos), estos carismáticos indígenas sostenían además un objetivo claro: ¿su razón para vivir?, combatir nuestra humana codicia y recuperar su independencia en una aventura repleta de momentos mágicos. ¿Te convertirías en na’vi para vivir esa experiencia? Di la verdad: resultaría muy difícil resistirse.

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[Diario de un confinamiento] Las pizzas de Ayuso o la utopía del brócoli

El espeso bolo alimenticio de una de las pizzas de Ayuso me ha hecho cagar una compacta metáfora. Recuerdo ahora a las ultraveganas feminazis que abanderaban lo de que los huevos pertenecen a sus gallinas madres (algo que casi nadie les concedió). Los niños, que sí pertenecen a sus padres (“pines” aparte) se alimentan con menús de Telepizza en la Comunidad de Madrid mientras que dure la pandemia. Por obra y gracia, por supuesto, de su san(t)ísima presidenta. He aquí las dos posturas contrapuestas que alumbrarán la extraordinaria tesis que yo sostengo. Atentas. Leer Más



[Diario de un confinamiento] El profeta

¡Silencio! Que habla el profeta. Y otra vez nos dice que nadie debe entrometerse en el libre baile del sacrosanto mercado. Que si las mascarillas están caras, es solo porque así lo quiso la providencia de su mano invisible, la cual se encarga de darle a cada cual lo que efectivamente se merece. Así, el fiel que se haya esforzado lo suficiente para tener mucho dinero no tendrá problemas en comprar mascarillas para sus gatos, mientras que los vagos e infieles que no lo hicieron deberán elegir entre comprar mascarillas o comer. Que el totalitario y apóstata Estado no debe fijar un precio máximo de un euro para este producto que apenas costaba un puñado de céntimos hace cuatro o cinco meses, ya que eso generará un desabastecimiento bolivariano y una pérdida importante de beneficios para unos pastores ya desangrados por los impuestos. “¿Pero cómo van a tener los incapaces derecho a quitarle las mascarillas a los más válidos?”, proclama veladamente este honorable profeta. Que eso es antieconómico, y que las mascarillas deben permanecer en los estantes esperando a que la selección natural haga el resto del trabajo divino. Que el hombre no debe usurpar la obra de Dios y que para los pobres, ya está Cáritas. Palabra del señor (te adoramos, óyenos).


[Diario de un confinamiento] La realidad en otra parte

Infructuoso es el intento de abrillantar una sombra a besos, cuando los labios están secos como la piel de la luna. Brillan sin embargo las sombras bajo los pies del camaleón y en la silueta de la cigüeña, la del gran torreón del abeto y la del fragor de la batalla del amor a oscuras. Humaredas de un silencio irrestricto dominan más allá de lo invisible, donde las cosas no ocurren no por ser perezosas, sino porque la naturaleza puede explayarse allí, a gusto, sin que le diga nadie. Pocas lecciones podemos darle a la esencia de la vida que se manifiesta de una manera u otra, por más cadenas que inventen. Nada pueden contra el grito del alma que anhela un momento de tranquilidad frente a si misma; y así poder mirarse a los ojos, solo eso, en silencio, sin decirse nada, ¿para qué? Las palabras involucionarán algún día hasta llegar al primer gruñido de piedra; entonces, el ruido dejará de buscar artificios para mostrarse: que no hay en el ser mayor belleza que ser. Absurdo es pedirle explicaciones a la luz que no responde, sino canta; que canta tan solo porque cantar es lo que hace, haciendo danzar a los ojos con su iluminado ritmo. Soltemos la cólera, cortemos las redes de esta telaraña opaca y densa que tanto nos asfixia el alma con tanto excremento inútil. Que no te engañen sus luces artificiales y eléctricas: dentro se esconde el pozo más ponzoñoso y oscuro. Despeja la X del expediente, que la verdad está ahí fuera. La realidad en otra parte. Por más que te la prohíban.


[Diario de un confinamiento] Camus no aplaudiría a las 20:00

-Yo tengo mi plan de organización para lograr unas agrupaciones sanitarias de voluntarios. Autoríceme usted a ocuparme de ello y dejemos a un lado la administración oficial. Yo tengo amigos por todas partes y ellos formarán el primer núcleo. Naturalmente, yo participaré.

-Vamos, Tarrou, ¿qué es lo que le impulsa a usted a ocuparse de esto?

-No sé. Mi moral, probablemente.

-¿Cuál?

-La comprensión, doctor.

Desde el día siguiente, Tarrou se puso al trabajo y reunió un primer equipo al que debían seguir otros.
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La manifestación de Schrödinger

«El Gobierno ha mentido a los españoles. El Gobierno ha ocultado información. El Gobierno ha salido con guantes de látex detrás de una pancarta mientras afirmaba que no había que tomar medidas y que los focos estaban controlados»

Santiago Abascal tras el Congreso de Vox en Vistalegre, justo después de desvelarse el positivo por coronavirus de Javier Ortega-Smith, asistente al acto y saludador efusivo de las masas allí presentes.

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Supongamos que tenemos una caja dentro de la cual se encuentra el cornavirus. El Gobierno es perfectamente conocedor, ya no solo de la presencia del virus, sino también de la extrema gravedad del mismo (en virtud de una serie de informes que decide premeditadamente ignorar y ocultar −o así lo afirman desde Vox). Por tanto, el Gobierno sabe que al introducir una multitudinaria manifestación feminista dentro de la caja se generará una hecatombe de dimensiones estratosféricas. Entonces ¿por qué lo hace?

Lo hace porque le beneficia”, tal es el argumento habitual esgrimido por el ala más conservadora de la sociedad española. Sin embargo, al ser el Gobierno plenamente consciente de las consecuencias que todo ello desencadenaría, también lo es de que el acontecimiento terminaría por ser fervorosamente utilizado en su contra; por lo tanto, sabe positivamente que le perjudica.

Acabamos de llegar a una extraordinaria situación de paradoja en función de la cual, permitir la manifestación feminista del 8M beneficia y perjudica al Gobierno simultáneamente. Estamos, sin lugar a dudas, ante la manifestación de Schrödinger.